Jueves, 23 de mayo de 2013

Justicia que repara

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La brutal golpiza sufrida por Daniel Zamudio recientemente, ensombrece esos lentos pero sostenidos avances y mejoras en favor de las mujeres y su trato igualitario. ¿Por qué? porque resulta evidente que los pasos que damos como sociedad en términos de brindar trato igualitario a todos los chilenos, cual sea su orientación sexual, género, etnia o religión, deben involucrar a todos y cada uno por igual. No se trata de avanzar por unos y dejar de lado a otros. Estamos ante un asunto social y cultural que debe remecernos y movilizarnos.

Acabamos de conmemorar el Día Internacional de la Mujer y, una vez más, ha estado en la discusión lo muy al debe que como sociedad estamos, aún, con el reconocimiento a la equidad de géneros.

Leí en redes sociales las más variadas opiniones críticas sobre esta fecha, especialmente porque en pleno 2012, la discriminación hacia la mujer sigue muy presente en términos de sueldos y oportunidades laborales, acceso a salud en instituciones privadas y facilidades para ejercer, al mismo tiempo, el rol de madres y trabajadoras.

Es indignante que estas prácticas aún estén muy presentes en nuestra sociedad, pero sin duda que ha habido avances sustantivos en las últimas décadas. Personalmente me enorgullece liderar un programa donde las mujeres profesionales ejercen un rol clave en la asistencia psicosocial a las víctimas de delitos violentos, ayudando a muchas otras mujeres a salir del dolor causado por la violencia intrafamiliar y llevando una voz de aliento a quienes han enfrentado el trauma de un hecho delictual.

Sin embargo, la brutal golpiza sufrida por Daniel Zamudio recientemente, ensombrece esos lentos pero sostenidos avances y mejoras en favor de las mujeres y su trato igualitario. ¿Por qué? porque resulta evidente que los pasos que damos como sociedad en términos de brindar trato igualitario a todos los chilenos, cual sea su orientación sexual, género, etnia o religión, deben involucrar a todos y cada uno por igual. No se trata de avanzar por unos y dejar de lado a otros. Estamos ante un asunto social y cultural que debe remecernos y movilizarnos.

Como abogado motivado por la causa de las víctimas de delitos, me preocupa profundamente lo que hemos visto este fin de semana en la formalización de los cuatro sospechosos del ataque contra Daniel. Evidentemente este delito, tratando de aislar la connotación de discriminación, es de suma gravedad.

Cuatro jóvenes, actuando en grupo con extrema crueldad contra otro, totalmente indefenso debido a su estado de ebriedad. Escuchar el relato de los hechos – negado por 2 de los cuatro imputados, mientras otro ya confesó su participación involucrando a los restantes – provocó el llanto contenido de sus padres y hermanos, quienes aunque no logran entender ni perdonar a los que atacaron a su hijo, confiesan sentir una profunda compasión por sus familias, tratando de comprender también su dolor. Ese sentimiento, reflejado en los ojos de Iván y Jacqueline, es el que debe devolvernos la fe en la dignidad humana y en la justicia.

Desde nuestra labor en Apoyo a Víctimas, estamos convencidos que acompañar a quienes sufren un delito, con apoyo psicológico y asesoría legal, en busca de justicia, es la forma de ayudarlos a recuperar la tranquilidad y la confianza en el prójimo, es la forma en que como país, podemos reparar en algo su profunda aflicción.

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