La creación de las tendencias
Las tendencias son un misterio, imagínese usted lo que significa adelantarse a los pensamientos y gustos de la gente en, a veces, 2 años. Las técnicas para esto van desde la recolección de información por parte de productoras especializadas en tendencias hasta el simple instinto artístico de sus creadores, incluso no han sido pocos diseñadores que han recurrido incluso a las artes adivinatorias con tal de conocer los colores que harán furor en el futuro.
Si, tal vez usted se ría de lo frívolo que esto parece, pero cuando uno se entera que la moda es una industria que a nivel mundial factura 140 mil millones de euros, es decir, el 6% de la economía mundial, las caras podrían ser otras, la frivolidad, es probablemente uno de los negocios más rentables que existan en el mundo. Pero no se quede en las formas, esta frivolidad tiene una estructura y movimientos que sorprenden, no por nada desde los inicios de las ciencias sociales.
Si bien el estudio de la moda ha sido considerado como la “frivolidad de las ciencias” cuesta concebir a autores como George Simmel, por ejemplo, como sujetos carentes de ciencia. Este científico y, muchos otros, han lograron crear dimensiones, teorías y conocimiento en torno a la moda que permiten hoy adelantar las tendencias y explicar sus movimientos.
Así por ejemplo, Simmel creó esa teoría tan recurrente y de dominio generalizado en donde las tendencias son la forma en la que las clases altas escapan temporada tras temporada de la estética de las clases bajas, en una lucha de clases teñida de marcas y estilo, lo que podría ayudar a explicar ciertas acciones y formas de consumo (las compras de avance de temporada vs las de ofertas) pero que no logran explicar, por ejemplo, como el grunge y el punk, nacidos en los sectores marginales de las sociedades del hemisferio norte, se hicieron tendencia y moda.
Siendo Simmel una directriz inexacta de las tendencias, autores como Godart plantean que las tendencias se forman dependiendo delas características geográficas de los principales distribuidores de la moda, ejemplo que se puede ver en las colecciones masculinas del verano del 2013, donde la India, uno de los principales productores textiles del mundo, tiene una aparición increíble tanto en la paleta de colores como en el estilo.
Mientras tanto, Guillaume Erner mira todo desde otra arista, donde las tendencias son elementos que se plantean como “naturales”, pero que en realidad han sido planificadas según las necesidades de la industria. Erner, muestra por ejemplo el caso de Colette, en Paris, un lugar que parece “adelantarse a la moda” todos los años, pero que sin embargo, se convierte en una profecía autocumplida, una especie de círculo, que encierra en sí mismo el triunfo de la tendencia al obligar a “pensar” que ahí está el futuro.
Pero Erner nota una falla en este acercamiento teórico de las tendencias en un aspecto esencial, y es que la moda, como sistema, tiene al capricho como motor de consumo, por lo que a veces, las tendencias estudiadas y preparadas se derrumban frente a la caja de pago, con una moda que nadie quiere consumir.
Así, otros autores, desde sus tiempos y espacios, pretenden ligar e interpretar las variaciones de la moda con los cambios sociales imperantes: crisis económicas, cambios políticos, religiosos o culturales, eventos importantes que hayan acontecido en algún país (caída de las torres gemelas, guerras, etc) pero, por más esfuerzos que se realicen, no se podrá jamás tener una técnica 100% certera de la moda y de sus tendencias, después de todo la forma en la elección de un zapato no es la suma del precio más el diseño, es también la construcción social presente detrás de cada sujeto que los usa, vende, produce e imagina, es el resultado en el fondo, de todo el diálogo social, por muy frívolo que eso parezca.
