Martes, 21 de mayo de 2013

“La DC debe liderar elaboración programática que proyecte a la Concertación”

La Concertación parece moverse sin matices entre dos extremos: conservar su legado o cambiar el rumbo. Puesto que la Democracia Cristiana ha sabido debatirse con bastantes menos complejos que sus aliados en el equilibrio que implica el binomio tradición y cambio, debiera tomar el protagonismo no solo para atraer a un voluminoso electorado que se siente ajeno a este proyecto, lo que sin duda se requiere, sino también para liderar la elaboración de una visión programática que proyecte a la Concertación hacia el futuro. Eventualmente, también tendrán que revisar si ese futuro efectivamente existe.

La Concertación se enfrenta a la natural tensión de todo proceso de cambio, que se debate entre las urgencias del momentos y los desafíos futuros. Para lo primero, las urgencias, es necesario reaccionar rápido, contestar, atacar, sin medir, necesariamente, si lo que se está haciendo tiene relación con un proyecto de futuro.

Sin embargo, para lo importante, para los desafíos de futuro se requiere mucho más que buenas armas de reacción. Y precisamente la capacidad de proyectarse es la que más dificultad genera en las huestes concertacionistas. Es sintomático que ni siquiera exista claridad respecto a quienes debieran componer el conglomerado; más difícil le resultará, entonces, determinar cuáles son los proyectos que movilizan a la Concertación.
La Concertación parece moverse sin matices entre dos extremos: conservar su legado o cambiar el rumbo. Puesto que la Democracia Cristiana ha sabido debatirse con bastantes menos complejos que sus aliados en el equilibrio que implica el binomio tradición y cambio, debiera tomar el protagonismo no solo para atraer a un voluminoso electorado que se siente ajeno a este proyecto, lo que sin duda se requiere, sino también para liderar la elaboración de una visión programática que proyecte a la Concertación hacia el futuro. Eventualmente, también tendrán que revisar si ese futuro efectivamente existe.
Es cierto que la Concertación necesita ser una buena oposición al Gobierno, pero eso en ningún caso será suficiente para gravitar políticamente. Si los líderes de la Concertación creen que debates como la discusión presupuestaria permiten una reconexión con la ciudadanía, quiere decir entonces que están bastante lejos de comprender hacia dónde caminar. Los debates altamente técnicos, aunque necesarios, no le dicen prácticamente nada a los ciudadanos, lo que no implica dejarlos de lado, sino darles el lugar político que se merecen; debates como el de la ley de presupuesto en ningún caso constituyen el corazón de una propuesta política, menos si se los recursos finalmente van a ser ejecutados por el Gobierno de la Alianza y no por la oposición.

Por lo visto, la tradicional camada de dirigentes concertacionistas ha optado casi irreflexivamente por no descansar del debate inmediato y de la pelea del minuto. Esto tiene un valor en sí, pero probablemente lleve a una muerte por desgaste, por cansancio. Las nuevas generaciones que han tomado la conducción de los Partidos de la Concertación, y en particular de la Democracia Cristiana, deberán saber poner la pausa, descansar. Los médicos nos dicen que en el descanso, en el sueño, se consolidan los aprendizajes y las ideas. Quizá descansar, mirar y soñar sea una terapia necesaria para la Concertación, que le permita evitar una muerte sin descanso, pero sobre todo, dar vida a un nuevo y atractivo proyecto político.

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