Domingo, 19 de mayo de 2013

LA DC y adónde apunta esa flecha

A_UNO_071142_0f8e6

ES cierto que la DC es difícil de matar, pero también es cierto que si no es capaz de sintonizar con el mundo cultural que debiera interpretar, terminara siendo una fuerza política de segunda o intrascendente. Algunos de los problemas son bastante obvios, tales como que hay gran competencia por el centro político, que la desideologización de la sociedad, etc, pero hay otros que pareciera no queremos abordar:

La tarea de la renovación política fue uno de los esfuerzos frustrados este año. Como si fuera una maldición, la Concertación no logró que despegaran sus promesas, ni liderazgos, ni discursos, ni estilos nuevos. Peor aún, cuando se ha tratado de ordenar la casa o de las decisiones importantes, figuraron sus consagrados ( léase Escalona, Zaldívar, Pizarro).

En la DC las expectativas de cambio de la nueva directiva también se funaron. No logró dar gobernabilidad a su partido articulando un equipo cohesionado con una visión común y, en definitiva, desaprovechando la tremenda oportunidad de recoger el descontento con el actual Gobierno.

Es cierto que la DC es difícil de matar, pero también es cierto que si no es capaz de sintonizar con el mundo cultural que debiera interpretar, terminará siendo una fuerza política de segunda o intrascendente. Algunos de los problemas son bastante obvios, tales como que hay gran competencia por el centro político, que la desideologización de la sociedad, etc, pero hay otros que pareciera no queremos abordar:

1) La falta de audacia para definir una identidad. Se entiende que pertenecer a una coalición de centro-izquierda (Concertación) sea nuestra opción, donde muchas veces se contraponen visiones distintas de la sociedad y es lógico que así sea. Lo que no se entiende es que esa misma situación se da en el propio partido, donde parte importante de sus dirigentes se esfuerzan por parecer más de izquierda que sus aliados.

Y para representar a la izquierda, la gente obviamente prefiere el original. Porque la DC no se ha atrevido a hacerse cargo de su propio “mercado”, que está dentro de esa gran mayoría de gente que hoy no se siente identificada con ningún partido y en la escala de uno a diez, no está en los extremos, sino en el centro.

2) Un partido que se mira a sí mismo y que gran parte de su esfuerzo institucional se orienta hacia su militancia, le habla, le escribe documentos y se junta con su militancia. Un partido hacia adentro y no hacia fuera. Eso era entendible hace 40 años, en que los partidos tenían una gran ingerencia en la sociedad. Hoy , los partidos están desprestigiados y los militantes son una minoría en la sociedad actual. La mayoría de ellos supera con creces la edad promedio de los chilenos.

Entender que los problemas y los anhelos de la gente, son mucho más variados, abiertos y distintos a los de los militantes. Entender también que con partidos cada vez más reducidos, las motivaciones de los militantes están cruzadas por intereses también reducidos. Si la DC quiere sobrevivir, tiene que volcarse a entender la sociedad y dedicarle más horas a la gente que a los militantes.

3) Sentido de pertenencia y orgullo por lo realizado. Da pena ver a dirigentes que reniegan de lo hecho, que andan pidiendo disculpas, que no se pudo más , etc. ¿Alguien puede sentirse atraído por quien no se quiere a sí mismo? Estos que miran la actual sociedad con temor y desprecio, individualista y consumista, desde el temor y la desconfianza. Muy por el contrario, se trata de ver con orgullo lo que hicimos, de sentir profundamente que hicimos, lo que correspondía en la época en que nos tocó y que ahora se requieren que se den otros pasos. De valorar la sociedad actual y sus nuevos desafíos.

4) El peor de los problemas es absolutamente transversal y es la falta de proyecto colectivo. Los niveles de individualismo son altísimos, es la suma de proyectos personales con niveles de autoreferencia casi impúdicos. Donde si no se es el líder o él candidato, no hay proyecto. El interés por verse a sí mismo “ vean mi entrevista, mi artículo o mi intervención, mi foto etc llega a dar vergüenza ajena”.

Todo sea por aparecer y muchas veces la combinación de mediocridad con alta exposición pública, resulta indigerible para la población, las miserias propias con cobertura nacional no las soporta nadie, salvo en un reality o en Primer Plano. Esto me hace recordar a Don Francisco en el antiguo Sabados Gigantes, cuando le preguntaba al concursante : “ ¿Quién le dijo a usted que se parecía a Elvis Presley ?”.

Lo que se necesita son buenos liderazgos que convoquen generosamente y sean capaces de construir un proyecto común, atractivo, moderno e inclusivo.

 

TemasRelevantes
Comparte

Otras columnas de Juan José Santa Cruz