Sábado, 25 de mayo de 2013

La desobediencia civil: hoy también es un acto cívico

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A veces es bueno escuchar el silencio, pero resulta que el mundo está Gritando HOY. Desobediencia civil, aparece sin embargo, en el imaginario de una parte de la población, como una acción negativa, que tiende al desorden, pese a que en su origen es todo lo contrario.

Desde Egipto a Chile, pasando por España y Estados Unidos nos hemos sorprendido de los movimientos sociales que se viven desde algunos meses alrededor del mundo: Sobre el tapete, un concepto más bien olvidado en nuestras sociedades: La desobediencia civil.

Un concepto, forjador, en mayor o menor medida de las democracias modernas, ha caído en el sueño de la posibilidad implícita que otorgan las democracias representativas, de encontrar soluciones de manera distinta-a la desobediencia o resistencia- sea a través del diálogo sea por medio de las votaciones. Gandhi y Luther King cayeron en el baúl de los recuerdos ¿Por qué? Dirán sus defensores, frustrados los ecos de la desobediencia civil, la posibilidad de exigir cambios por medio de la participación ciudadana a diferentes tipos de prácticas colectivas, pacíficas y otras no tanto, caen en un histórico silencio.

A veces es bueno escuchar el silencio, pero resulta que el mundo está Gritando HOY. Desobediencia civil, aparece sin embargo, en el imaginario de una parte de la población, como una acción negativa, que tiende al desorden, pese a que en su origen es todo lo contrario.

Cuando Henry David Thoreau escribe en el Siglo XIX su clásico “La desobediencia civil”, este autor no sólo muestra que el principio de libertad conlleva un grado de ética importante, sino además la necesidad de realizarla en tanto acto reflexivo, la libertad no sólo hay que pensarla sino vivirla y no necesariamente como acto individual.

Thoreau opositor al sistema esclavista, es por ello que un día decide no pagar más los impuestos, pues de alguna forma era contribuir y ser cómplice de este sistema. Hecho prisionero, sólo pasa una noche en prisión, ya que un anónimo paga su fianza. De esa noche en prisión Thoreau dirá “Ví que si un muro de piedra me separaba de mis conciudadanos, había otro aún más difícil a escalar o a abrirse antes de que éstos puedan ser tan libres como yo”.

La desobediencia debe ser primero un proceso mental de rechazo profundo a las injusticias y desigualdades, producto de la democracia. Ésta debe constituir el impulso mismo de la democracia, un llamado de atención que recuerde que al inicio el gobierno trabaja por y para el pueblo y que ningún supuesto contrato social, puede llevar en la letra chica la aceptación de todas las decisiones impuestas por la clase política.

Es recordar que la democracia no es un conjunto de voluntades individualistas, sino el producto de individuos que quieren y piensan en el bienestar de la colectividad. La desobediencia civil es, por lo tanto, un acto altruista, es la respuesta reflexiva al abuso de poder. Este poder que desde el inicio nos pertenece en tanto que ciudadanos.

La desobediencia civil debe ser el paso que permita la restructuración de un sistema que en una parte o en su totalidad se considere injusto y discriminador. Dentro de esta perspectiva el movimiento estudiantil en Chile no sólo representa una oportunidad para reconstruir nuestra democracia, sufriente de los caprichos de una porción mínima de la población, los más favorecidos. Es también la instancia para que en tanto individuos reflexionemos sobre lo que esperamos para nuestra sociedad, más allá del momento actual, del instante, para las generaciones en devenir.

La desobediencia estudiantil actual, es la manifestación masiva y transversal de mayor envergadura en periodo post-dictadura. Es por ello que los medios de comunicación, el gobierno y tantos otros, han hecho lo imposible para disgregarla. Es la causa por la cual los discursos apuntan a un movimiento en bajada. Debemos interrogarnos porqué el gobierno ha hecho perdurar un statu quo en la toma de decisiones, a sabiendas que todo movimiento masivo luego de un periodo se desgasta ¿Simple coincidencia?

En este sentido, lo que aparece como importante, no aborda el fondo del problema, el gobierno no se ha hecho cargo de lo injusto y clasista de nuestro sistema educativo, sino se ha detenido en el número de manifestantes. Desde este enfoque, para quienes deben tomar las decisiones, no es importante que cientos de miles de personas hayan salido y salgan a la calle a demostrar su descontento, tampoco la situación económica de los cientos de miles de estudiantes y padres endeudados. Para ellos todo el movimiento estudiantil se traduce, extrañamente, en un puñado de activistas que utilizan la violencia y el hecho que ya no son 600 mil en la calle, sino 100 mil.

Lo que prima parecen ser las características secundarias del movimiento y no su esencia, porque en el fondo, reconocer que un movimiento social ha logrado tal nivel de cohesión y solidaridad -ya que una gran parte de estudiantes prefiere perder el año, es decir, sacrificarse por un futuro mejor para toda la sociedad- implica que este movimiento ha logrado crear una identidad colectiva, con objetivos comunes y precisos, que supieron traspasar los limites generacionales. Ello no es sino, reconocer el fracaso de un sistema que se organizó con la finalidad de mantener los privilegios de un grupo, que se ha hecho rico haciendo creer que la educación podía ser un ascensor social.

Durantes decenios nos hicieron creer lo que quisieron, sin embargo esto se esta acabando, no gracias a que obtuvimos una educación de calidad, sino simplemente porque el abuso constante y permanente, logra despertar aún en el animal más dócil, la fuerza del reconocerse abusado y de buscar justicia…Es por ello que desobedecer, es en estos instantes una actitud de civismo…De ahí vendrá el cambio, desde una acción que hoy es desobediente!

 

 

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