Miércoles, 22 de mayo de 2013

La era de la boludez

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Buscamos ídolos como Steve Jobs, el genio que nos frustraba lanzando productos y productos cuya innovación incremental mínima entre un iphone y otro nos generaban adicción y frustración a la vez.

Necesitamos una revolución…

En esta supuesta “era del conocimiento”, ó de la “innovación” nos falta novedad y seguimos siendo patéticamente retro.
Esa absurda idea de creer que el falso progresismo gestado en un living confortable es una salida para este mundo en crisis, nos hace pensar en tiempo pasado.

Y aparecen los críticos del neoliberalismo por un lado y los críticos del socialismo por el otro, la izquierda y la derecha, un bando y otro, y formulas pasadas que no pueden resolver un presente bastante poco alentador. Porque el neoliberalismo fracasó hace rato (Y pregúntenle a Islandia y a toda Europa) y porque el socialismo a ultranza nunca dio respuestas por su afán de ser popular, cuándo nunca lo fue.

Claro, ustedes dirán que la evolución desenfrenada de la tecnología nos hace vivir en un mundo de bienestar, pero para que sirve la avanzada si el pensamiento general no es de vanguardia.

Repasemos los supuestos líderes mundiales de hoy, y prácticamente no hubiesen podido ser ni siquiera asistentes de Churchill, Roosevelt, De Gaulle, ó del mejor Fidel Castro (No el de hoy, por favor). Los pensadores han sido reemplazados por especialistas en lo mínimo y con escasa visión del todo.

Ni el arte está a salvo, ya que todo parece estar de regreso en la música, en la literatura, en las artes plásticas. Revivimos lo que hubo hace 30 ó 40 años con apenas un toque de cosmética.

La evolución del consumo está llevando patéticamente al rebaño a correr detrás de una condición exigida por quienes dirigen este reality, a costa de la satisfacción.

Pero en este reality, no está Truman que puede abrir la puerta y buscar otro espacio. No hay un nuevo espacio si nadie lo busca…

Por eso falta una revolución.

Todo se los seguimos asignando a la era industrial, de la que decimos salir pero aún no despegamos. Suponemos que pasamos la era digital y la molecular cuándo gran parte de este mundo apenas supera la era agraria.

No hay una revolución ni digital, ni molecular. No está establecida. Hay aparatología pero no hay pensamiento en torno a esa evolución a pesar que las universidades reparten doctorados como promociones de golosinas…

Falta una revolución y sobra superficialidad. Y la política es el punto de partida para esa revolución.

Pero nos encontramos, por ejemplo, con la mediática figura de Camila Vallejo generada a partir de una causa fundamental como es la educación pública de excelencia, se erosiona alabando el paraíso perdido cubano, arengando a sus seguidores que entienden al Che sólo como un logo rebelde en una camiseta. Camila, por favor necesitamos de los más jóvenes ideas que tengan que ver con el mañana, no con el pasado. Ya fue…

Con el presidente Piñera que poco a poco va entendiendo que la política es bastante diferente al sillón del CEO de una empresa, por lo que la nueva forma de gobernar parece que no es tan nueva. Presidente, necesitamos algo nuevo, imparcial y para todos.

Del otro lado de la cordillera, CFK trae la última tendencia de la política: Nacionalizar empresas a partir de la expropiación, en medio de un patrioterismo que viaja en Audi y que toma el tiempo con un Bulgari. Claro, así cualquiera habla de resolver la pobreza… Me parece perfecto que los recursos naturales críticos de un país sean dirigidos (y no necesariamente gestionados) por el Estado, pero no a partir de una acción impulsada por la urgencia más que por la estrategia…

Todos hablan de innovación y pocos lo hacen por temor a no cubrir los “riesgos controlados”. Acaso somos hipócritamente innovadores?.

Todos hablan de ecología, pero el petróleo sigue siendo el oro negro, cada vez más negro, y cuándo hay que salvar a las ballenas sólo lo hacemos desde un living mirando como tres locos envidiables de Greenpeace se juegan la vida.

Hace falta una revolución…

Buscamos ídolos como Steve Jobs, el genio que nos frustraba lanzando productos y productos cuya innovación incremental mínima entre un iphone y otro nos generaban adicción y frustración a la vez. Cuántos Steve Jobs hubo en la primera mitad del siglo XX? Seguramente más de uno…

Einstein decía que había dos cosas infinitas: El universo y la estupidez humana, y él estaba seguro de la segunda. Y tenía razón como en otros tantos temas.

Hace falta una revolución, una nueva era. Una bisagra que nos haga salir de esta era de la boludez.

Los extraterrestres nos miran, y deben estar muy preocupados por este planeta que va perdiendo valor cada día de nuestras vidas.Hagamos algo, pero nuevo. Mañana, siempre es mejor.

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