Lunes, 20 de mayo de 2013

La farsa de los refuerzos

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Es así. El torneo nuestro sigue siendo caldo de cultivo para la mediocridad, los equipos ascensores, los chiripazos de rendimiento y la muñeca admirable de algunos representantes.

Cristian Milla estaba comprometido de palabra en Huachipato y terminó coqueteando con mejores ofertas. No él, su representante. Mientras, Fernando Meneses pelea por salir de un club que lo retiene a regañadientes y lo condena a pasar por un trance insufrible, si es que se queda o se llega a desvincular sin las ofertas sobre la mesa que creía tener. Es la época. La que deja salir lo más bajo de los negocios en el fútbol chileno.

Pregúntese no más por cuántos extranjeros hay en su equipo. Y después respóndanse de dónde vienen, cuántas selecciones tienen en el cuerpo, cuántos títulos o años destacados en su carrera pueden contar. No les podemos pedir mucho si es que en el mercado nacional se anuncia con bombos y platillos la llegada de alguna ex promesa local que se dedicó a pulular sin éxito por cuanta camiseta le ofreció cupo y número en el último tiempo.

Es así. El torneo nuestro sigue siendo caldo de cultivo para la mediocridad, los equipos ascensores, los chiripazos de rendimiento y la muñeca admirable de algunos representantes que, cuales managers de artistas logran poner uno que otro relleno dentro de un paquete de nombres que lleva una carnada y varios recocidos en el combo oferta para el festival de Viña. Arreglos entre sociedades anonimas que velan por hacer correr el circulante en futbolistas de discutible elite que piden mucho y a la hora de la verdad, poco y nada hacen por levantar un campeonato que sigue cayendo en calidad y competencia.

Nadie pide que las instituciones se encalillen hasta la saciedad y de manera irresponsable como en la década de los ’90. Pero sería bueno que se den cuenta que Chile desprecia procesos como los de Bielsa o la última campaña de Universidad de Chile para evidenciar un avance. Y que que con algo más de entusiasmo y compromiso servirían para encontrar un impulso que nos permita despegar definitivamente de la medianía y subirle los bonos a un torneo que hasta ahora sigue a patadas con las piedras.

El desorden a la hora de conformar planteles es tan patético como la danza de nombres a la hora de hablar de refuerzos. Cualquiera vale lo mismo que el que se fue. Estamos repletos de extranjeros que con suerte aspiran a lo óptimo y pasan por las las filas de un emblema sin pena ni gloria. La chimenea tiene cada vez menos tiraje y la merma en los estadios obedece a ese minimo interés por devolverle una mejor oferta al hincha.

Estamos nivelando hacia abajo. Y no sería malo que de una vez por todas, dejemos de pensar en mejores recintos o transmisiones televisivas cuando lo que encierra todo ese gancho de entornos se juega en la cancha y no es más que fútbol profesional. Un espectáculo que año tras año continúa siendo tan despreciable como una cartelera de cine en un lunes cualquiera.

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