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Opinión

La importancia de una Agencia Nacional de Medicamentos autónoma

La importancia de una Agencia Nacional de Medicamentos autónoma La importancia de una Agencia Nacional de Medicamentos autónoma

Lamentablemente, en este Gobierno se quedó durmiendo el Proyecto de Ley que creaba la Agencia Nacional de Medicamentos (Anamed), en la cual se radicarían las decisiones de aspectos netamente técnicas y no sujeto a lobbies o definiciones de autoridades nombradas por cuoteo político, quienes no necesariamente cumplen con los requisitos de idoneidad, trayectoria e independencia.

Elizabeth Armstrong

Por


De Profesión química farmeceútica y fue directora de la Agencia Nacional de Medicamentos. Entre el 2014 y el 2016 fue Consejera regional Metropolitana y es una de creadoras de la ley de remedios bioequivalentes.

El acceso a medicamentos eficaces, seguros y de calidad, al menor costo posible, es uno de los grandes desafíos de este país.

Actualmente, los profesionales y expertos del área se encuentran en la Agencia Nacional de Medicamentos (Anamed), un departamento del Instituto de Salud Pública (ISP), el cual es encabezado por una persona de confianza del Presidente de la República de turno.

Avanzar en ciertas áreas del ámbito farmacéutico es relevante e imprescindible. Un ejemplo es la exigibilidad de la Bioequivalencia, por parte del ISP, a una mayor cantidad de principios activos, con el fin de que los pacientes cuenten con un abanico más grande de productos bioequivalentes y, por ende, sean ellos mismos los que decidan qué medicamento adquirir de acuerdo al alcance de su bolsillo, y no necesariamente el que le prescriba el médico.

Por otro lado, hay muchas áreas en el campo farmacéutico que deben ser normadas, con el fin de evitar riesgos y daños en la salud de la población. Por ejemplo, en la actualidad hay productos sanitarios que pueden ser importados y usados en las personas sin ningún requisito previo.

Esto porque contamos con una legislación obsoleta que hace inviable su control, como es el caso de las prótesis de mayor riesgo que se incorporan al organismo, tales como válvulas cardíacas, prótesis mamarias, prótesis ortopédicas, etc. Lo mismo se observa en el incremento del uso de productos amparados en una inscripción alimenticia, con fines terapéuticos, etc.

Estos antecedentes avalan la necesidad de contar en Chile con una Agencia Reguladora de Medicamentos fuerte, autónoma y con patrimonio propio.

Lamentablemente, en este Gobierno se quedó durmiendo el Proyecto de Ley que creaba la Agencia Nacional de Medicamentos (Anamed), en la cual se radicarían las decisiones de aspectos netamente técnicas y no sujeto a lobbies o definiciones de autoridades nombradas por cuoteo político, quienes no necesariamente cumplen con los requisitos de idoneidad, trayectoria e independencia.

Además, es un proyecto que es absolutamente factible y viable pues los ingresos del departamento Anamed son suficientes para que una estructura de estas características se autofinancie totalmente.

Ahora sólo falta la voluntad política pensando en la salud de la población y no en intereses mezquinos que desean seguir manteniendo este gran campo sujeto a decisiones políticos partidistas.

Ojalá este Gobierno no pierda la oportunidad de concretar un cambio que redundará positivamente en la salud y sus costos asociados para todos los chilenos.

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