El PPD y el PRSD anunciaron un pacto electoral, de cara a las municipales, con el Partido Comunista. Para, pretenden, generar una coalición que agrupe a toda la oposición con representación parlamentaria de cara a la Alianza. Los comunistas, por su parte, van más lejos y aseguran que buscan reconstruir los “tres tercios” en la política chilena. Volver al pasado, ciertamente una idea con futuro.
Por mi parte dudo que se trate de algo más que mejorar los resultados electorales de quienes lo suscriben. Si no cuestiona la legitimidad de este sistema, ¿Qué otra cosa puede perseguir un partido político sino obtener una porción más grande de la torta? (o al menos más crema…).
Por lo demás, dado que este sistema político está condenado a la bipolaridad, la única posibilidad de existir consiste en adherir a algún pacto. Sin embargo, los pactos y alianzas constituyen un medio y no un fin por sí mismos, lo que trae consigo la pregunta del millón: ¿Qué buscan realmente unos y otros?.
Después de haber consolidado la institucionalidad elaborada por Jaime Guzmán durante más de 20 años, el PRSD y el PPD saben que este sistema político fue diseñado para impedir cambios sustantivos a la obra de la dictadura. ¿De verdad pretenden que creamos que ven más allá de los resultados electorales de octubre próximo? ¿Tan faltos de creatividad están en el PC para pensar que puede retrotraer Chile a su realidad política de hace medio siglo? Obvian que la sociedad y la institucionalidad eran otras.
Osvaldo Andrade cuenta que el PC buscó alcanzar este mismo tipo acuerdo con el PS y la DC durante el año 2011. En la búsqueda de ese acuerdo que no prosperó, ¿También se buscaba reconstruir los tercios?.
Tal parece que, confundiendo el objetivo con el medio de alcanzarlo, el PC concluyó en que su problema no es ni la institucionalidad ilegítima ni el sistema electoral, sino su política de alianzas. En las elecciones municipales los radicales suelen obtener casi la misma votación que el PC, pero obtienen tres veces más concejales. Si lo que busca el PC es el mismo resultado, su lógica parece irrefutable… al precio de hacer sufrir la “dialéctica”.
Por su parte, el PPD ya fue en lista separada en la elección municipal del 2008 y aún cuando esa vez los partidos de la Concertación eligieron menos concejales que en el 2004, en esa oportunidad el PPD no esgrimió el fin de la Concertación para justificar su decisión. Viendo, como ve, el rechazo que produce la Concertación en la ciudadanía (cerca de un 80% del país no quiere saber nada de ellos), el PPD quiere cambiar de etiqueta y si se une al PC es con el propósito de obtener más concejales y poder transformarse en el eje de algo. La cuestión de fondo es la de saber qué es ese “algo”.
Si de verdad desean reconstruir un bloque político de izquierda, o al menos “progresista”, ¿Dónde está el programa de ese bloque? ¿Cuál es el diagnóstico que hacen del Chile actual? ¿Cómo concluyen en que ese bloque es viable y necesario? Si ellos están convencidos de que Chile será un mejor país si obtienen más concejales, ¿Por qué no lo dicen abiertamente? No vale la pena intentar discernir el proyecto, por la simple razón de que no existe: sólo se trata de repartir la torta en modo más favorable, en este caso para el PPD.
El sistema binominal ha sido generoso con sus sostenedores, incluso más de lo que ellos mismos nunca soñaron. La arquitectura institucional diseñada por los admiradores del fascismo impone un sistema político bipolar que le permite a dos coaliciones controlar todo el Parlamento con menos del 50% de los votos ciudadanos. Y les obliga, volens nolens, a cogobernar. De ahí que en los últimos 20 años se haya legislado siempre por “consenso”, y que ningún bando pueda realizar ningún cambio estructural desde el espacio parlamentario. Los resultados están a la vista: un duopolio político estéril y sobre representado, imposibilidad de ver surgir nuevas fuerzas políticas, desprecio ciudadano de los partidos.
Derrotar a la Alianza en las elecciones municipales no es un punto de inflexión que vaya a cambiar el país. Viajar al pasado en busca de los tres tercios revela falta de lucidez con relación al Chile actual. Hoy en Chile se enfrentan dos fuerzas: la que sostiene, consolida y se beneficia de la institucionalidad heredada de la dictadura, y quienes sufren las consecuencias, es decir la inmensa mayoría de la población. Alianza y Concertación son los diques que intentan detener el cambio.
Los movimientos sociales, las organizaciones sindicales, el movimiento estudiantil, las reivindicaciones regionales, el pueblo mapuche, el movimiento ecologista y muchos otros constituyen la fuerza del pueblo. Articularlos en una sola fuerza política es un empeño en el que no sobra nadie. Y el objetivo es claro: terminar de una vez con la institucionalidad ilegítima para darle al país una Constitución democrática.
