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Opinión

La interminable siesta de Guillier

La interminable siesta de Guillier La interminable siesta de Guillier

"Parece que Guillier no le toma el peso a lo que pretende que sea su futuro. Al contrario, todo parece una joda, o una interminable siesta de la que siempre viene levantándose".

Francisco Méndez

Por


Columnista.

Alejandro Guillier es bueno para hacerse el gracioso. Por lo general da declaraciones que deberían ser sarcásticas, pero que siempre resultan siendo un retroceso en su campaña. Sin embargo, esto parece no importarle o simplemente no lo percibe, ya que continúa con ese curioso sentido del humor que, lejos de tranquilizar a sus seguidores, parece darnos indicios de la catástrofe electoral que se avecina.

Es que parece que Guillier aún no le toma el peso a su rol. No sabe que no es solamente un candidato más, sino que es el mayor representante de un mundo político que significa mucho para la historia democrática de Chile. Si lo entendiera, el periodista hubiera realizado un trabajo más arduo por aunar voluntades con la Democracia Cristiana, logrando hacer invisible el grito de los reaccionarios de siempre al interior del partido. Pero al parecer le da flojera y cree que la política es un cúmulo de bonitas frases sin un trabajo detrás. Como si las cosas se hicieran solas.

Muestra de este inentendible sentido del humor fue su llamado a sus adherentes independientes a hacer un “asadito” el domingo, en espera de la final de la Copa Confederaciones entre Chile y Alemania. Lo dijo con tono divertido, como si fuera ese simpático conductor de noticiarios que tan agradable le parecía a las señoras que lo veían por la televisión. Pero lo no lo es. No es nada de eso, sino que pretende encabezar el Estado de Chile, por lo que debería tener más cuidado al momento de pronunciarse sobre las instancias democráticas que se desarrollan en el país, aunque en estas no participen los partidos que lo respaldan. Porque en eso, según entiendo, consiste ser demócrata.

Pero insisto: parece que Guillier no le toma el peso a lo que pretende que sea su futuro. Al contrario, todo parece una joda, o una interminable siesta de la que siempre viene levantándose. No pareciera haber trabajo tras sus ideas, ya que no hay muchas ideas. Desde afuera todo se ve como si hubiera un movimiento que intenta descansar sobre un carisma que realmente no existe.

Porque Alejandro no es Bachelet, no goza del cariño del que gozaba la Presidenta, sino que es alguien que provoca cierta simpatía en un grupo de gente por haber salido en la tele. Nada más. Y eso parece que no solamente no lo entiende él, sino que tampoco parece comprenderlo una colectividad con la  experiencia del Partido Socialista, ya que no ha hecho nada al respecto.

¿Cómo si viene el panorama? Bastante oscuro. No hay ganas de hacer política ni de respetarla. O sino Guillier se habría habría ahorrado porque no aportan en nada. Sólo ayudan a evidenciar que nosotros, los votantes de la centroizquierda, estamos más preocupados de la primera vuelta que el mismo candidato que dice representarnos. Él, en cambio, parece que siempre estuviera despertándose, llegando atrasado e interrumpiendo con los comentarios desatinados de quien no estuvo atento a la conversación porque estaba durmiendo.

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