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Opinión

La lapidación machista de la sociedad frente a casos de violencia contra las mujeres

La lapidación machista de la sociedad frente a casos de violencia contra las mujeres La lapidación machista de la sociedad frente a casos de violencia contra las mujeres

"Cuando una mujer se decide a llevar a la justicia este tipo de hechos, o al menos a salir de la relación violenta y pedir ayuda, surge por un quiebre vital que excede la violencia hacia ellas".

Karen Denisse Vergara Sánchez

Por


Periodista e investigadora en temáticas de género y violencia

El domingo por la noche conocimos las denuncias realizadas por Valentina Henríquez en contra de Camilo Castaldi, ahora ex integrante de Los Tetas. Los hechos estaban respaldados por una constatación de lesiones y una orden de alejamiento emitida. Las imágenes, en tanto, eran reveladoras. Golpes en brazos, piernas, un ojo inyectado en sangre, heridas y más. Todo era parte de la acumulación de violencia que enfrentaba la joven de 23 años día a día. Estaba encerrada en sí misma. No era capaz de reaccionar, pero en algún momento decidió alzar la voz.

¿Y qué es lo primero que hace la sociedad?

Culparla a ella. Culpar a su familia. Sobran las palabras que parecen ser de buena crianza, pero no lo son. ¿Dónde estaba la mamá? ¿Por qué no denunció antes?, son preguntas que se repiten en redes sociales y medios de comunicación. Y no hacen más que culpar implícitamente a las víctimas de una sociedad que sigue indolente hacia la violencia de género.

No denuncias antes porque no tienes marcas lo suficientemente evidentes, no denuncias antes porque es un tipo famoso y viste que salió indemne de situaciones similares en el pasado. No denuncias porque estás bajo amenaza, porque sientes pánico, vergüenza. No denuncias porque sientes que te lo mereces en el fondo, por dejarte marchitar así. No denuncias porque pueden estar involucrados tus hijos, no denuncias por no causarle un dolor al resto. No denuncias porque estás tan quebrada que a veces la muerte parece la única escapatoria. ¡No denuncias por tantas cosas! y en ellas están implícitas la anulación, el miedo y la desesperación.

Cuando una mujer se decide a llevar a la justicia este tipo de hechos, o al menos a salir de la relación violenta y pedir ayuda, surge por un quiebre vital que excede la violencia hacia ellas. Comprobar que la pareja está maltratando a otra persona, por ejemplo, ya sea a un hijo, familiar, a una mascota o descubrir que tenía antecedentes previos de agresividad en relaciones anteriores, por ejemplo. Las víctimas de esta violencia psicológica y física son tan vulneradas que creen que estas situaciones son por culpa de ellas o que tienen algún grado de responsabilidad, cuando notan que situación se repite con otros, logran ver más allá del encierro social en el cual se encuentran insertas y eso es lo que moviliza la acción de hablar, de sacar afuera, de denunciar.

Se ha hecho fuerte hincapié que ante casos de orden de alejamiento es necesario contar, hacer el ejercicio de sacar el testimonio de lo íntimo y lo privado, a lo público. Sabemos que Carabineros no puede estar 24/7 con las víctimas, por lo que entre más gente sepa y pueda resguardarlas, más posible es que estos hechos se reduzcan. Poner ojos en la situación a veces puede hacer la diferencia que salve a una mujer del femicidio. Es vergonzoso. Lo sé. Nos cuesta aún verbalizar el miedo y más aún, compartirlo con nuestros cercanos.

En el ámbito musical, los testimonios crecen. En 2016 los hechos de violencia ocurrían en Argentina, donde fueron más de seis mujeres las que denunciaron a Cristián Aldana de El Otro Yo por abuso sexual reiterado contra menores, agresión y pedofilia, situación que hoy mantiene al músico en la cárcel. Por otro lado, José Miguel del Pópolo, de la banda La Ola que quería ser Chau fue procesado recientemente por abuso sexual agravado y violación, tras testimonios de tres de sus ex parejas. Alzar la voz para las víctimas, junto con ser un elemento liberador, les permitió ayudar a otras perjudicadas más jóvenes. Lentamente, comenzaron a crecer los casos y a aumentar la crudeza de los testimonios.

Es relevante, por tanto, comenzar a derribar la idea de los ídolos, porque ellos no se equivocan y nosotros sí. Para que la próxima vez, las palabras de los músicos que trabajaron con Castaldi no sean “no nos dimos cuenta”, “era excéntrico, pero no sabíamos que podía llegar a esto”. Es necesario que derribemos la idea de que por ser personajes públicos serían incapaces de arruinar sus carreras y sus vidas.

Se ha criticado, por otro lado, la idea de la “funa en redes sociales”. El tema de la viralización, en casos de violencia, surge por el hecho de hacer público algo que siempre queda en el espacio privado: la violencia dentro de una relación. Lamentablemente las denuncias y procesos judiciales son tan lentos, que te pueden hasta matar antes de llegar a alguna medida potente.

De los casos que me ha tocado analizar por mi trabajo, he comprobado que casi no existe la figura de “denuncia falsa”, porque finalmente quien se expone en fotos es la víctima, de quien se habla en los medios es de ella, de su rostro, de lo que permitió que le hicieran antes de alzar la voz, de su rol como joven, madre, esposa u otro. Es ella quien está permanentemente en la vitrina de los medios. Es cosa de revisar la prensa chilena. Muy pocos medios titularon la noticia con una imagen de Camilo (Tea Time). Entonces el afán de la divulgación de estos casos responde a la necesidad de que se conozca testimonio de la víctima, concientizar a quienes la conozcan para que puedan ayudarla, decirle si ven al tipo cerca de su casa, si alguien la está siguiendo en la calle, o si están intentando averiguar algún dato íntimo de su familia, por ejemplo.

En la llamada funa, (que prefiero seguir llamando ‘divulgación en redes sociales’) no he visto jamás un llamado de la víctima o su entorno a golpear al sujeto agresor o a buscar venganza o revancha por sus propias manos. Es más, el elemento bélico o amenazante vuelve a surgir nuevamente a través del machismo, ya sea haciendo apologías a la violación que podría recibir el agresor en la cárcel o amenazando de muerte al entorno. Ese no es el afán que tiene la viralización de estos hechos. El fin real es que podamos de una buena vez comprender que la violencia está presente en todas partes, y que está siendo alimentada por un sistema que sigue cuestionando a las víctimas y no a los victimarios. Que puedes exponerte como lo hicieron Nabila, Valentina o decenas de mujeres vejadas en dictadura que entregaron sus testimonios de violación y tortura, por ejemplo, y seguirás preguntándoles “si algo habrán hecho”.

Estos días me ha tocado conocer y compartir mis propios encuentros con la violencia de género y los que han sufrido amigas y conocidas. La cifra es estremecedora. Al menos 4 de cada 5 consultadas tiene un testimonio relacionado a acoso, violencia o agresión ya sea física o psicológica. Mujeres de todos los estratos socioeconómicos, de todos los partidos políticos, de distintas edades y países confluimos en revelaciones similares. Es necesario hacer este ejercicio bien seguido, y darnos cuenta que podemos verbalizar lo que nos pasó. Que no debe haber miedo o vergüenza, que hoy nos abrazamos entre todas y seguiremos dando cara por las Valentinas que vengan. Que si nosotras ya tenemos las herramientas para luchar, las iremos compartiendo con las que siguen. Ya no permitimos más la violencia. Ni de ti, ni de los medios, ni de quienes nos cuestionan.

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