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Opinión

La mentira del Supertanker

La mentira del Supertanker La mentira del Supertanker

"Existía la intención de manifestar, por medio de un tipo de emocionalidad propia de una mala película gringa, que los privados salvarían al país de la 'catástrofe' pública".

Francisco Méndez

Por


Columnista.

Según un informe de Conaf, la efectividad del Supertanker no fue tanta como la que se esperaba. En cambio, el avión enviado por Rusia, Ilyushin II-76, habría afrontado con mayor eficacia los incendios que azotaron zonas del país durante este verano.

Esta información no dejó indiferente a nadie. Mientras unos dudaron de lo que decía este informe, otros reafirmamos nuestras sospechas en torno a la parafernalia que se montó por esas semanas. Más aún en días en los que Lucy Ana Avilés, la mujer que arrendó el enorme artefacto, se ha servido de este para dar todo tipo de opiniones políticas, utilizándolo para encaramarse sobre el resto de nosotros y darnos lecciones de moral.

Si el documento de Conaf está en lo cierto, lo concreto es que el Supertanker sirvió para muchas cosas salvo para las que estaba destinado.
Fue una especie de espectáculo visual en momentos en que el Estado trataba de solucionar los “eventos” ocasionados por el fuego con la poca fuerza que le da la institucionalidad actual. Ya que Avilés prefirió comenzar una espectacular batalla ideológica, antes que colaborar realmente, para así intentar imponer su idea de que lo privado y la “filantropía” estaban por sobre las “ineficientes instituciones públicas”.

En el momento, cuando algunos advertimos de esto, estas conclusiones fueron consideradas propias de “mal pensados”. Sin embargo, con el pasar de los meses se vio que efectivamente había una intencionalidad política clara tras el despliegue de esta especie de “Superman” de los aviones. Existía la intención de manifestar, por medio de un tipo de emocionalidad propia de una mala película gringa, que los privados salvarían al país de la “catástrofe” pública.

Pero al parecer nada de eso sucedió. No nos salvaron de nada, por lo que no nos equivocamos tanto quienes criticamos desde un comienzo el show mediático. Al contrario, confirmamos los miedos que teníamos cuando esta “filántropa” comenzó a aparecer en los medios de comunicación como “salvadora”. Pero también nos dimos cuenta de las ansias existentes por establecer algo que transcendía los incendios veraniegos, y que pretendía dejar en claro la supremacía que, según ellos creen, debe tener el capital en todo debate público, incluso al punto de establecerse como autoridades sin haber sido electos por nadie.

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