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Opinión

La película “Los 33”: tan rara y loca como Chile

La película “Los 33”: tan rara y loca como Chile La película “Los 33”: tan rara y loca como Chile

Si conseguimos mirar más allá del sarcasmo con el que se enfrenta una cinta así de cult y Jodorowskiana, "Los 33" resulta ser una película realmente buena y que emociona de verdad.

Por


Periodista El Dínamo.

El error siempre ha estado en creer que el sarcasmo es igual a inteligencia. Porque no es así. Y sería bueno metérselo en la cabeza. Tal vez este sea un buen momento para abstraerse de la tendencia casi natural de las redes sociales de mirar todo con burla, pensando desesperadamente en un chiste rápido para postear. Porque esta película tan colosalmente hollywoodense como el hecho que la inspira, desafía a ello: a dejar el sarcasmo y dejarse emocionar.

Es verdad que hay muchas cosas que son muy raras y que pellizcan ese nervio de vergüenza ajena en la película “Los 33”. Entonces aparece la tentación de reírse y apuntar con el dedo y la mordacidad de Nelson de Los Simpsons, para dejar claro que no avalas, que no tienes nada que ver con esta película. Es clásico de los tiempos: mucha gente está esperando el estreno de la película para reventarla con sarcasmo, tallas, y ninguneo.

Los 33

También es verdad que es muy loco ver una historia tan demente como la realidad que la vio nacer, convertida en una película en inglés, protagonizada por actores latinos de Hollywood. Es raro y es loco. No pasa todos los días. Ni todas las décadas. Ni todos los siglos.

También hay copias traducidas al español. Pero esa vuelta de carnero, ese sobregiro linguistico, puede ser demasiado.

De acuerdo, es muy raro ver a Rodrigo Santoro actuando de Laurence Golborne y a Antonio Banderas– el hombre como el que todo chileno quiere oler- actuar de Mario Sepúlveda. Es medio tirado de las mechas, medio lisérgico, ver a Jacob Vargas (Traffic), Oscar Nuñez (The Office) y a Lou Diamond Phillips (La Bamba), que en verdad es filipino pero lo reconocerás inmediatamente como el latino más noventero del cine, actuar de Edison “Elvis” Peña, Yonni Barrios, y Luis Urzúa, respectivamente. Y a Mario Casas como Alex Vega.

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Es difícil, un poco incómodo, da una risa nerviosa. Igual que ver a Bob Gunton, el actor que hace de Piñera, que en realidad se parece más a Jaime Mañalich, dando instrucciones en inglés a Santoro (Golborne).

Así y todo, y poniendo a un lado el hecho de que Carlos Lavín puso su literalmente sucio dinero para financiar la película, lo cierto es que no existe en la historia del Chile moderno-y ciertamente tampoco en la historia de la minería- un relato tan épico como el protagonizado por los 33 mineros chilenos devorados 700 metros bajo tierra y atrapados bajo rocas del porte de dos (2) Empire State enteros.

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El accidente de los mineros atrapó a todo Chile bajo esa mina. Fue una violenta y natural analogía de las condiciones laborales y quizá sicosociales del país. Es por eso que podríamos, deberíamos, abrirnos a aceptar y querer la odisea de la supervivencia y del rescate, que terminó con la tierra pariendo a los 33 seres humanos vivos de una forma entre de cine cult o Jodorowskiano y de final de reality show, como a nuestro propio Armageddon. O Interstellar. Pero intraterrestre en vez de extraterrestre, más sicomágico que ciencia ficción.

No por eso menos literalmente increíble, como nuestra propia llegada del hombre a la luna.

Todavía es muy pronto, han pasado apenas 5 años, para tener la perspectiva suficiente de cuánto significó para Chile ese rescate. ¿Habrá influído en la selección que ganó la Copa América? ¿Habrá nacido un nuevo chileno cuando emergieron desde las fauces y las entrañas de la tierra los 33? ¿Mejorarán las condiciones laborales en la minería, y en general? Quizá si, quizá no. Lo que no es discutible es que esos casi tres meses en la historia de Chile se merecían una película para que nuestros hijos y nietos y bisnietos la puedan ver y los Baradit del futuro escriban sobre esto. Sorteando la tentación del sarcasmo, esa trampa del ego, la película es buena, atrapa, y al igual que la historia real, emociona y enseña mucho. Todos los dinamitos para “Los 33”.

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