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Opinión

La peligrosa ignorancia de Ossandón

La peligrosa ignorancia de Ossandón La peligrosa ignorancia de Ossandón
Francisco Méndez

Por


Columnista.

Ahí estaba Manuel José Ossandón, bien vestido y con el eterno ceño fruncido en la mesa del nuevo Tolerancia Cero. Alrededor suyo había un panel listo para preguntar, mientras él se mostraba ansioso de contestar sin saber las respuestas, para así, antes de cualquier reflexión, poder disparar y apuntar con el dedo antes de tratar de responder realmente.

Así funciona Ossandón. Sus respuestas a veces son largas, otras veces cortas, pero lo cierto es que siempre son inconexas interpretaciones de la realidad que se mezclan y enredan entre sí, buscando llegar a una verdad. A un lugar común que pueda acallar los rumores sobre su ignorancia respecto de varios temas.

El domingo esos rumores no se pudieron silenciar más. Al contrario, la manera en la que esquivaba las preguntas, con temas que solamente le interesan sólo a él y el electorado que se inventó en la cabeza, era triste y vergonzosa, al extremo de que a muchos incluso nos dieron ganas de sacarlo de ese programa por su bien y el de su familia.

Era el despliegue de la ignorancia patronal en todo su esplendor. Esa ignorancia que demuestra que hay quienes creen saber sin siquiera preocuparse de aprender antes. ¿Para qué hacerlo si eso es para otro tipo de gente? Mejor discursear, hablar, empapar de la “calle” a quienes la conocen mejor que él, en un gesto de soberbia de clase, de casta, que busca esconderse tras un relato poblacional y cercano con quienes son a sus ojos los mismos peones que trabajaban en el campo de sus padres.

Pero hay más. La técnica del senador deja entrever la elevación de características como si estas fueran una virtud. Constantemente repite que le pidió plata a su “hermano rico”, enorgulleciéndose de no haber hecho nada ilegal, pero sobre todo por haberlo transparentado ante las cámaras. Porque para él en eso consiste la política; en ser sincero e incluso mostrarse tal cual se es, como si esto fuera un valor en sí mismo y bastara con eso para dedicarse al ejercicio público. Es tal su ceguera y su ignorancia en ese sentido, que no se preguntó si estaba bien que su hermano le pasara dinero sin haberlo declarado salvo en una entrevista televisiva.

Y es que, aunque queramos creer lo contrario, la sinceridad a toda prueba en política no es de por sí una cualidad de un candidato, más aún si es que esta sinceridad no va de la mano de un actuar que no obstruya el ejercicio democrático. Y ser millonario, o tener un hermano rico, es una forma de no respetar la igualdad de condiciones en la que deberían estar todos los postulantes a La Moneda.

Pero ese es otro lenguaje para Ossandón. Para él son más fuertes los símbolos que pesan sobre su apellido y su familia, aunque diga lo contrario. Es cosa de escucharlo y verlo desplegar su desprolijo conocimiento en temas como el conflicto en La Araucanía, en los que se apura por hablar de balas sin antes siquiera tratar de entender bien qué es lo que ahí sucede, ya que cree no necesitarlo. Al contrario, cree en que es urgente seguir hacia adelante con esa brutal ignorancia a la que él llama “convicciones”, sin darse cuenta de lo peligroso que puede ser.

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