Cómo no recordar la canción ícono de la Pérgola de las Flores: “Quiere flores señorita, quiere flores el señor…”. Inmediatamente se me viene a la mente esa imagen de los actores en el musical, cantando con una sonrisa en la cara, representando cómo las floristas de los años 20’ trabajaban vendiendo flores.
Es más, durante toda la obra se ve cómo los personajes que eran floristas y el maestro coronero (bueno para la fiesta ), VIVIAN en sus trabajos, se RELACIONABAN con sus clientes, ESTABAN PRESENTES en su día a día y DISFRUTABAN sus trabajos.
Durante la semana, a raíz de mi columna anterior donde declaraba no sentirme tan capitalina por preferir una vida más tranquila, me encontré con sorpresa, con varios amigos y conocidos iquiqueños que me dijeron sentirse Capitalinos con el ritmo de trabajo que llevan.
Dijeron estar cansados, mal con sus relaciones por falta de tiempo, sentirse desconectados consigo mismos, no haber ido a la playa (¡viviendo en la costa!) hace varias semanas, con rastros de estrés en sus cuerpos, dolores de cabeza……uf! Realmente mal.
Me los imagine como máquinas vivientes, como el hombre de lata del Mago de Hoz, visión totalmente opuesta a esa imagen de las floristas, carabinero, clientes, Alcalde, Carmela y Tomasito sonrientes cantando aquella canción “…tengo rosas muy bonitas para cualquier ocasión…” (léase cantado).
Entonces, ¡¡¡horror!!! Crisis total interna pues me di cuenta que ésto no es un problema de la ciudad sino de cómo estamos viviendo nuestra vida y trabajos. Y entonces, como obra mágica del destino, de mi Ángel de la Guarda y mi despertar espiritual (ojo, no me creo Salfate), me llega por Facebook un mensaje del mismísimo Dalai Lama.
Plop! Plop! Plop! Resonó en mi interior como un eco la frase: “Los Occidentales pierden la salud por ganar dinero, y luego se gastan el dinero para recuperar la salud.”
¿No debiéramos ver el trabajo como un medio para disfrutar la vida en lugar de vivir para trabajar? Convoqué entonces a una conversación larga y densa con mi Tomasito y nos dispusimos a tomar cartas en el asunto, obligarnos a tomar medidas drásticas, para no dejar de vivir!!!
Regla Nº 1: Aunque estemos cansados después de una jornada laboral, obligarnos a conversar mirándonos a los ojos, sin tele de por medio, y de temas que NO sean el trabajo. Regla Nº 2: Cantar más (al estilo de la Carmela). Partí in situ a comprarme una guitarra a la Zofri. Regla Nº 3: Tomarnos Vacaciones, desconectar celulares, no revisar mail, no contestar llamadas. Vacaciones a la antigua! Regla Nº 4: Sonreir más. Regla Nº 5: Ir a la playa todos los días, ya que tenemos la suerte de vivir aquí.
Y una vez tomada esta decisión….. ¡¡Chana na nán!!! Otro mensaje divino: Me llega un mail con el siguiente texto sacado del blog Red Mindfulness:
“Sin embargo, es valioso preguntarnos: ¿hacia dónde estamos creciendo? y ¿Cuál es el costo? Si no nos detenemos a revisar este valor podemos apriori connotarlo positivamente, sin siquiera cuestionar de qué desarrollo estamos hablando”.
Inmediatamente dejé de trabajar en el proyecto que me había tenido 3 horas en el computador, le reenvié el mail a mis amigos con los cuales había estado conversando, puse un Cd grabado por mí hace 15 años y me puse a cantar a todo pulmón, comiendo chocolate y me dispuse a disfrutar del momento, bailando sola en mi departamento.
¿No seríamos más felices en nuestros trabajos si, como en la Pérgola, lo hiciéramos sonrientes y cantando? Creo que me gustaría que la vida se pareciera más a un musical.

