Curiosamente Miguel Arteche y Themo Lobos han muertos con un par de días de diferencia. Digo curiosamente porque se trata de viejos conocidos. Ambos estuvieron vinculados en algún momento a la revista Mampato que Eduardo Armstrong funda en 1968. Luego vinieron otros directores como Vittorio di Girolamo; Renzo Pecchenino, Lukas; Isabel Allende y Arteche.
Themo ya tenía una trayectoria en revistas infantiles inolvidables como El Peneca y Barrabases. Pero con Mampato fue otra cosa. Se produjo una suerte de identificación desde sus inicios. En una entrevista que le hizo Rafael Valle en La Tercera recordaba que “al principio (Mampato) era como un enanito más que un niño, con unas patas enormes y una nariz grande. A mí me llamó Armstrong porque el dibujante (Oscar Vega) no podía hacer más de dos páginas al mes, me pidió que me hiciera cargo y le puse dos condiciones: primero, que no quería tomar el trabajo de otra persona, así que Vega me llamó para pedírmelo, y segundo, que los argumentos fueran míos. A un mes y medio de publicarse, Eduardo me dijo: el personaje es tuyo”.
Pese a la popularidad del personaje que le valió a Mampato un tiraje cercano a los 100.000 ejemplares por edición, la revista cierra en 1978.
Dibujante multifacético, yo prefiero recordar a Themo Lobos en su trayectoria en revistas picarescas. En una sociedad pacata como la nuestra, las revistas de “piluchas” han estado marcadas más que por las fotos osadas, por el humor y las viñetas. Dos propiedades en la que Lobos era maestro como lo demostró en su fecundo trabajo. Y si hay algo que le ha faltado a Chile es una poco más de liberalidad y una buena dosis de tandeo.
Themo empezó a colaborar en revistas picarescas desde que empezaron a proliferar a partir de los años cincuenta, como fue el caso de Pobre Diablo (1945-52) por ejemplo. Pero su mayor quehacer esta vinculado con El Pingüino (1956-68), sin lugar a dudas la más recordada de todas ellas. Numerosas generaciones disfrutaron de la granujería de esta publicación dirigida por Guido Vallejos y que contó, desde un principio, con un contundente staff de dibujantes pues su lema era “La revista de las historietas cómicas y las chicas bonitas”. Partió en agosto de 1956 con carácter mensual durante sus primeros cuatro números, quincenal hasta aproximadamente septiembre de 1957 y de ahí en adelante semanal.
Entre curvilíneas vedettes como Lucerito Barcenas o Peggy Saigón apareció el grito de Alaraaacoooo, personaje creado por Themo Lobos que se instaló para siempre en el imaginario colectivo, en la vida cotidiana y en el lenguaje de la tribu. Hasta hoy a los exagerados en nuestro país se les define como “alaracos”.
En la década del 70 trabajó en otra publicación de este género, Ganso. Ironías de la vida, la consigna de esta revista era “vivir a mandíbula batiente” y sin embargo su primer número apareció en septiembre de 1973 editado por Quimantú. Fue poco lo que pudo reír. Duró 4 números.
La obra de Themo Lobos en cambio ha permanecido siempre porque el recuerdo de sus entrañables personajes es incombustible.

