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La Roja se juega el grupo contra Holanda

La Roja se juega el grupo contra Holanda La Roja se juega el grupo contra Holanda

Pero el asunto es hoy, contra Holanda. La Roja lleva un camino que nos tiene boquiabiertos. Ha dados dos golpes maravillosos y las señales que emite son todas optimistas pero hoy tiene un desafío inmenso, a la altura de lo que ha mostrado. Con la clasificación en el bolsillo, el partido de hoy es la primera final. Un camino que puede llevar lejos en la historia.

Más madera. Más leña, más fuego. La Roja está en estado de gracia y está lista para competir este mediodía contra Holanda.  Clasificada con puntaje inmaculado, en vez de relajarse y ofrecer descanso a sus guerreros heridos, Sampaoli promete seguir incendiando la pradera.

Así  es el nuevo Chile, cada partido una final, cada instante el último de la vida. Desde el día del sorteo se suponía que este era el partido clave para clasificar a octavos pero la faena está hecha y ahora se permite gastar su pólvora para ganar el grupo, un lujo reservado a quienes llevan puntaje perfecto. Y mucho riesgo.

Sampaoli promete  jugar contra Holanda, uno de los cucos, como si fuera la final del Mundial y no un trámite para alcanzar octavos, sin reparar en rodillas maltrechas, tobillos inflamados, amenazas de suspensión por tarjetas, rotaciones para dar descanso. La Roja está encendida.

En frente está la vieja y querida Holanda, heredera de la Naranja  Mecánica de Cruyff y compañía, una de las factorías que creó en los setenta este estilo del que también mamaron Bielsa y Sampaoli, una de las referencias de los adoradores de la intensidad, del juego vietnamita de la Roja.

El equipo de val Gaal es una versión auténtica del mejor estilo holandés, y el choque táctico contra Sampaoli parece un duelo plagado de detalles en la ocupación del campo y el juego de contra. Nadie duda que Sampaoli ha imaginado este partido un millón de veces y lo ha preparado hasta soñando.

Habrá batallas en los carriles, sectores clave para ambos. La Roja  tendrá que cuidar la posición de una defensa tan adelantada  y mimar la posesión de la pelota en ataque: cualquier pérdida es amenaza inmediata de un equipo maestro en la contra, como padeció España. Holanda parece un equipo serio y con sangre en el ojo, aunque Australia la tuvo contra las cuerdas.

Las dos van al frente aunque esta vez Holanda parece menos ingenua que antes, menos alegre. Puede ser para proteger su defensa, jovenzuela, uno de los puntos débiles de esta selección que todavía no ha sido apurada y atacada como se supone que hará Chile.

En el horizonte está Brasil, que tiene las llaves de la Copa. Y, detrás de todo esto, está madame  FIFA, una mujer de mala reputación, temida por sabios o ignorantes del balón. En este caso se le teme porque el cruce afecta a Chile que jugará con Brasil si no gana a Holanda y Brasil vence a Camerún, que parece una obviedad.

Lejanos los tiempos en que Brasil imponía respeto por su jogo bonito, ahora  se le teme  más por su poder en los despachos que en la cancha, donde sigue siendo la favorita.

Pero el asunto es hoy, contra Holanda. La Roja lleva un camino que nos tiene boquiabiertos. Ha dados dos golpes maravillosos y las señales que emite son todas optimistas  pero hoy tiene un desafío inmenso, a la altura de lo que ha mostrado. Con la clasificación en el bolsillo, el partido de hoy es la primera final. Un camino que puede llevar lejos en la historia.

Ése es el nuevo estilo de la Roja. La presión no dura 90 minutos, dura hasta el último minuto del campeonato. Cuando los especialistas claman por mesura, el entrenador comparece avisando que no habrá tregua, que su propósito es ganar el grupo para consolidar el funcionamiento de su maquinita.

Y evitar a Brasil. Porque el otro lado del cuadro. México/Croacia, Costa Rica, etc, hasta cuartos de final, sería una recompensa al grupo de la muerte.

Ésa es una de las mutaciones que han producido  Sampaoli y su gente a este grupo y que tiene embriagada a la marea roja.  Parecen fanáticos, escribió Diego Latorre. Es un equipo de resistencia vietnamita, dijo José Sámano. Desde que cantan el himno te avisan que vienen a ganar una batalla no un juego, dice Jorge Valdano.

Ése es el milagro producido. No hay techo, se puede soñar. Hasta aquí con razones futbolísticas, jugando a grandísimo nivel. El equipo desprende una confianza estremecedora. La prueba de hoy servirá para calibrar el momento,  saber si el equipo está listo para seguir derribando rivales poderosos o debemos bajar rápidamente a tierra.

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