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Mujer

La sexualidad de la mujer en la literatura

La sexualidad de la mujer en la literatura La sexualidad de la mujer en la literatura

"Por qué amo Hiroshima Mon Amour  y por qué amo a Marguerite Duras".

Por


Escritora, licenciada en Letras, profesora y gestora cultural. Entre sus publicaciones destaca el libro "La perla suelta", merecedor del “Premio a la Crítica 2010” género Poesía, otorgado por la UDP. Directora “Sala 26”.

Quizás muchos de nosotros accedimos a la obra de Marguerite Duras gracias a la película “El amante” de Jean-Jacques Annaud, en el cual una adolescente francesa conoce a un hombre chino, joven y millonario, en un transbordador. Yo era estudiante de Letras y mi vida como alumna transcurría en Campus Oriente y un día encontré en la biblioteca del Campus un pequeño libro empastado en color verde que decía “El amante” DURAS. Hacía poco había visto la película por tv cable. Lo hojeé en el pasillo y reconocí de inmediato la historia. Lo pedí prestado. Eran las vacaciones de verano de principios del año 2000. Lo leí con devoción durante dos tardes.

Me sorprendió el uso del lenguaje y la precisión con la que se entraba en un mundo oscurecido y misterioso de la feminidad. No utilizo el término: “oscurecido” como algo negativo, por el contrario, me refiero al hecho de cuando los textos ingresan a una feminidad como se ingresa a los interiores de la mujer. Escribo esto y pienso en cómo toda una cultura ha replegado nuestra sexualidad y nuestro placer a un espacio muy íntimo y muy privado: las mujeres no hablan de sexo. Corrección: las mujeres no debieran hablar de sexo. Eso es propio de un discurso masculino que se refiere a formas, tamaños, texturas. Muy pocas mujeres relatan sus vivencias sexuales- incluso enfermedades sexuales- con otras mujeres. Nos han acostumbrado a callar.

Después de la lectura de “El amante” puse atención en Duras y comencé a investigar más sobre su obra. Cada vez que encontraba un libro de ella en algún mesón del Biobio o en algún viaje, lo compraba. Los leía todos. Debo reconocer eso sí que me aturdí en esos universos femeninos que ella crea. Me aturdí demasiado. Siempre existía – y aún existe en mí- un punto en que odio a esas mujeres de sus textos, simplemente por una hiperfeminidad que las hace habitar letárgicas, enfermas o locas, encerradas en alguna casa mientras el resto de los personajes juega cricket o conversa sobre la desolación y mutismo de la protagonista.

Aun cuando me aturdieron, debo reconocer que amaba y aún amo esa fuerza de Duras por mantener en ese devenir  a las mujeres de sus relatos. Hace poco descubrí leyendo a María Luisa Bombal que existe un lugar entre ambas que es muy común y que los personajes de sus textos incluso podrían cohabitar si alguien los juntara. Alguien, algún lector o autor curioso que le guste la reescritura y se atreviera a hacerlo. Alguien que juntara en una geografía literaria a Marguerite y María Luisa.

Duras no solo ha escrito prosa: sus textos dramáticos y guiones de cine son simplemente maravillosos, tales como “La música” o “India song”, que en uno de los apartados con instrucciones dice algo como: suena “India song” música que aún no ha sido compuesta, pero aquí debiera escucharse. Recuerdo cuando leí eso y cómo quedé anonadada por esa referencia en un mundo de ficción sobre algo que aún no existía y que ella, al mencionarlo, lo traspasaba a la realidad. Si comienzan a leer a Duras, y sobre todo si es que escriben, deben pasar por “Escribir” que es un texto tipo autobiográfico, ensayístico y muy certero con respecto al ejercicio de la escritura. Eso es lo que más me gusta de Marguerite: esa mezcla desordenada de géneros literarios en los que asentó su obra. Y también está “Las conversadoras” que reúne una serie de conversaciones de la autora con una entrevistadora experta en su obra. Podría parecer que hablo de alta literatura o teoría o textos complejos, pero estoy haciendo exactamente lo contrario: pienso que Marguerite Duras es una de las pocas autoras a las que se puede abordar y hundirse en ella desde cualquier lugar propio o desde cualquier universo literario, pues es muy bello su ejercicio con la literatura y sencillamente entrañable.

Comencé hablando de Duras y hablo de todo esto, pues en estos momentos dirijo un taller de Literatura Femenina y autobiografía en el que cada sesión leemos textos que nos conducen a un diálogo sobre el lugar cultural de la mujer. Después de una sesión que tuvimos sobre erotismo y pornografía de la mano de Sontag y Bataille, me pareció pertinente que leyéramos a Ana Rosetti, Santa Teresa de Ávila y pensé que sería bueno leer la primera parte del guión de “Hiroshima Mon Amour” de Duras que fue hecho película y llevado al cine el año 1959 por Alain Resnais y el texto, tal como lo conocemos data del año 1960. Yo tengo en mi poder una edición de Seix Barral del año 1997, que encontré un día en la librería Metales Pesados de Sergio Parra. Tuve también la película que compré por un poco más de un dólar en un mercado en Perú y que el tiempo me quitó cuando generosamente la prestaba y nunca más me la devolvieron. Me gustaría decir que no presten películas ni libros. Pero cuando son demasiado sorprendentes, es imposible no compartirlos.

La última sesión de mi taller leímos la primera parte del guión de “Hiroshima Mon Amour” y se gestó un absoluto silencio. Gracias a la escritura de Marguerite estuvimos frente a un texto bellamente político que nunca cayó en lo panfletario. Estuvimos frente a cuerpos geográficos. Duras mezcló la tragedia de Hiroshima en el diálogo de dos amantes de una manera fundamental y absolutamente actual. Hay un momento en el texto que un niño hermoso se da vuelta a mirarnos y Duras nos explica que es tuerto debido al hongo atómico.

Ese niño está muriendo hoy en Gaza. Los amantes de la primera parte del guión de la película están rememorando sobre Hiroshima. Anoche dos amantes se conocieron en un bar en Santiago de Chile y caminaron por la calle Portugal bajo una suave llovizna, y antes de irse a la casa de ella o después de acostarse, seguro hablaron inevitablemente sobre la Dictadura. Eso es lo que hace entrañable a Duras: en sus textos podemos habitar todos nosotros. Incluso en esas mujeres enloquecidas que odio, pues ahí estamos todas nosotras. Apenas termine de leer esto, abra una nueva ventana y googlee a la gran Marguerite. Hágalo ahora ya.

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