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Opinión

La trampa del humor en el discurso machista de Sebastián Piñera

La trampa del humor en el discurso machista de Sebastián Piñera La trampa del humor en el discurso machista de Sebastián Piñera

¿Es que no hay un segundo de paz en Chile?

Karen Denisse Vergara Sánchez

Por


Periodista e investigadora en temáticas de género y violencia

“Me acaban de sugerir un juego muy entretenido. Todas las mujeres se tiran al suelo y se hacen las muertas, y nosotros, los hombres nos tiramos encima y nos hacemos los vivos. ¿Qué les parece?”, estas fueron las palabras del ex presidente Sebastián Piñera en un evento para promocionar su campaña en la comuna de Linares. La supuesta broma, que invita a las personas a burlarse del acoso, avala un tipo de cultura fuertemente arraigada en nuestro país: la cultura de la violación.

¿A qué me refiero con este término? a la naturalización que en Chile tienen las prácticas vejatorias contra las mujeres en todo ámbito (ya sea público o privado), la cual se distingue claramente cuando las alusiones a la vejación de una persona, se toman de manera ligera, apelando a burdas explicaciones: que es una broma, un chiste, una frase sacada de contexto, “la picardía del chileno”, justificaciones que solo logran agravar la falta. La aceptación de la violencia como algo inevitable o parte del diario vivir, valida un discurso que finalmente termina por desacreditar a las víctimas reales de estos hechos, quienes con mayor razón son incapaces de denunciar a sus victimarios.

A Piñera se le ha tomado como ejemplo de la incontinencia verbal, transformándose para sus detractores en un figurín, un payaso que al parecer no sabe de nada pero opina de todo. Su discurso es objeto de burlas constantemente por la gran cantidad de errores que comete para algunos, “de modo inocente”. Y ahí radica la trampa, una trampa de la cual nos reímos mientras caemos silenciosamente en ella. Estas “bromas” no nacen de la inocencia. Nacen porque hay alguien que firmemente las cree y las replica sin parar. El ex presidente sabe que minar su humor y capacidad infinita de cometer desubicaciones le sigue haciendo material de memes, vídeos y comentarios en la web, y por ende, aumentando su popularidad. Es la estrategia perfecta para esconder bajo la alfombra los conflictos económicos, éticos y políticos que le aquejan.

Cómo olvidar cuando señaló que una niña de 11 años embarazada tenía “profundidad y madurez” para enfrentar un embarazo producto de una violación. O cuando señaló en un panel de Mega que las mujeres “igual eran personas”, tras realizar una férrea, mal informada y errática defensa a la prohibición del aborto en las causales que actualmente están en discusión en nuestro país. No, lo de Piñera no es sólo una broma, es un modo de poner el pie encima de las mujeres y demostrar quien es el patrón de fundo. Recordemos que su consejo ciudadano lo integra el rey del trasnoche misógino: Kike Morandé.

El 2011 en México, en plena Cumbre de Jefes de Estado del Pacífico, Piñera, en ese entonces presidente de Chile, señala “¿sabe usted cuál es la diferencia entre un político y una dama? Cuando el político dice que ‘sí’ quiere decir ‘tal vez’, cuando dice ‘tal vez’ quiere decir que ‘no’ y cuando dice que ‘no’, no es político. Cuando una dama dice que ‘no’ quiere decir ‘tal vez’, cuando dice ‘tal vez’ quiere decir que ‘sí’, cuando dice que ‘sí’ no es dama”. Con esta frase ejemplifica nuevamente el machismo presente en su discurso diario, donde el centro de sus “bromas” son siempre mujeres, las cuales son vistas en su imaginario sólo como dos formas, como objetos de deseo (tomando la iniciativa = no son señoritas en su discurso) u objeto pasivo (haciéndose las muertas). Lamentablemente para muchas la muerte no es algo ajeno, sino algo esperable dentro de la violencia que enfrentan día a día.

Bien lo recuerda la Red Chilena Contra la Violencia Contra las Mujeres: en Chile este año han ocurrido 37 femicidios, todos ellos evitables si en nuestro país empezáramos a erradicar prácticas que parten en la broma, prosiguen en la violencia de una educación sexista basada en el disciplinamiento y sometimiento del cuerpo femenino en las aulas y que acaba siendo detonada en las relaciones de pareja, normalizando la posesión, los celos y la agresión, y donde los ejemplos que vienen desde la política y los medios de comunicación poco ayudan a mejorar el camino.

Tras el detestable show de Sebastián Piñera, escucho las aberrantes declaraciones del abogado Ricardo Flores (que busca anular el juicio en el caso de Nabila Rifo), quien señala que al declarado culpable, Mauricio Ortega, le “habría salido, desde el punto de vista legal, más barato haber matado (a la víctima) que simplemente dejarla viva”. ¿Hay sanción desde el Poder Judicial para una frase semejante? No bastó con un juicio plagado de malas prácticas, de jugarretas sucias, de vejación a la intimidad constante de la afectada en plena exposición mediática, no, este profesional nos vuelve a refregar en la cara que como ciudadanas no tenemos ninguna chance de hacer valer nuestros derechos, ni mucho menos exigir respeto en los procesos que nos expongan públicamente.

¿Es que no hay un segundo de paz en Chile? Todos los días tenemos que enfrentarnos a un país que nos humilla constantemente. Impedidas de decidir por nuestro cuerpo, pasadas a llevar día a día por las leyes, la sociedad y las autoridades, nos encontramos en un círculo que no vislumbra escapatoria, no mientras sigamos avalando esta cultura que festeja la violencia como parte del morbo, la burla y el sometimiento.

Estamos claros que en una sociedad que sigue tomando a broma comentarios referentes a la violación, que sigue normalizando el acoso en las calles y que además presenta una clara indolencia frente a la violencia de género tiene que hacer un exorcismo urgente de sus prácticas en tanto cultura, educación y ciudadanía. No puede ser que tengamos mismos deberes como hombres y mujeres, pero que éstas últimas no tengan los mismos derechos para defenderse, cuestionar y criticar un modelo social que sigue avalando la violencia en el papel, la voz y la calle.

Como lo dice Miguel Lorente, médico forense español e investigador en violencia, “los hombres no son el sexo fuerte, sino el sexo abusador. No es la fuerza física la que lleva a someter a las mujeres, a discriminarlas, a acosarlas, a maltratarlas y a asesinarlas, sino la posición de poder que ocupan en la sociedad y la sociedad que ocupan y hacen suya desde ese poder que se han otorgado a sí mismos”. Pensemos en Donald Trump, por ejemplo, con sus múltiples denuncias por acoso, abuso sexual y autor de frases como “a las mujeres puedes agarrarlas por la vagina”. Él también señaló que sus dichos fueron una broma, un comentario cualquiera y todos repudiamos la noche en que fue electo presidente de Estados Unidos. ¿Queremos un presidente así otra vez? ¿No fue suficiente la vergüenza que tuvimos que pasar en México o Alemania (donde Piñera hace alusión a una frase nazi)? Quiero creer que hemos evolucionado un poco desde las elecciones de finales de 2009, que crecimos, que hay violencias, delitos y actitudes que no vamos a tolerar ni dejar pasar, aún cuando sean camufladas bajo el humor más burdo e innecesario.

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