Jueves, 23 de mayo de 2013

La última maniobra de Camiroaga

A_UNO_051860

Con el mar entregándonos los restos del rostro más conocido de los 21 tripulantes del aciago vuelo “hacia el paraiso”, se va cerrando el círculo de la tragedia más medíática…

Con el mar entregándonos los restos del rostro más conocido de los 21 tripulantes del aciago vuelo “hacia el paraiso”, se va cerrando el círculo de la tragedia más medíática y política del invierno que se va. Ahora, con respecto al animador de TVN, aclaro que no conocí personalmente a Felipe Camiroaga. Sin caer en la autoreferencia, parto destacando ésto, como alguien que ha tenido la oportunidad de trabajar y compartir con “rostros , saberlos de carne y hueso, falibles y en muchos casos luciendo un bajo nivel de autenticidad al constatar que no siempre son los mismos una vez que se apagan las luces y las cámaras pasan a un off.

Sin embargo su presencia me resultaba empática y creible. Nunca hasta sentirlo un familiar, como a algunos les pasa. Pero si al punto de gozar sus sonrisas, su actitud y para admirar una carrera de alto vuelo.

Aun así, mis primeros recuerdos de su desempeño son de a mediados de los 90, animando concursos de belleza y ese bodrio sin mucho ton ni son, llamado “motin a bordo”. Para aquel tiempo además ostentaba un nivel actoral bastante básico como el papel que lucía en el culebrón Loca Piel. La imagen que uno se llevaba, fácilmente, era de un personaje maqueteado, relamido, demasiado respetuoso de su facha y muy poco espontáneo.

Pero el siglo 21 nos entregó un Camiroaga clown, superando con creces el clásico miedo al ridículo. De un animador tieso de pelo y personalidad, teníamos a un señor versátil, que ya no temía lucir una cara cuidadamente sin afeitar, pero que demostraba ser más elegante que célebres colegas suyos , cercanos en edad, como Araneda, menos hiperventilado que Lagos, mucho más liviano que un Valdivia y menos grotesco que un Lucho Jara. Ahí estaba ese personaje en permanente invención que supo sacarle partido a sus propios ripios para tomar un camino propio y efectivo.

Su singularidad se notaba entre las indagaciones que daban cuenta de sus solitarias aficiones que eran el festín de comentaristas de farándula a lo Castell, que se alimentaban de lo que pertenecía a sus ámbitos privados. Gracias a esos comentaristas, surgía en la calle, la conversación que siempre rodeaba al animador estrella de TVN, cargada con sospechas en torno a su soltería, la chimuchina sobre sus mujeres y las capciosas preguntas del porqué con tanto arrastre, el galán no pisara el palito del matrimonio.

Camiroaga, emergía igual, con estoicismo para superar pifiaderas como aquella del teatro Caupolicán, con sobriedad para no empantanarse en ningún lío amoroso para perder estribos o entrar en crisis escénicas que le pasaran la cuenta y le quitaran el sitial que ya lo proyectaba como peso pesado en su canal , liderando ratings sin dar ese tipo de pasos en falso que a algunos les significa terminar abruptamente programas o emigrar a otras estaciones con la palabra fracaso a cuestas.

En ese nivel estaba este señor que realmente vale romerías, lágrimas y homenajes, como lo que pretenden de alguna forma ser estas líneas que acusan una ausencia que va a pesar. A cualquiera le costará proyectar un talento así, que no abunda lamentablemente en esta pantalla donde lo que cunde es la opinión fácil o el figurar sin argumentos de peso suficientes, pero que no bastan a la hora de enfrentarse a la muerte. Una muerte que, con cierta ironía podríamos tomarla como una maniobra o chiste de Camiroaga, para convertirse definitivamente, mas que en rostro inolvidable, en una leyenda inmortal.

TemasRelevantes
Comparte

Otras columnas de Emilio Antilef