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Opinión

Las que no queremos tener hijos

Las que no queremos tener hijos Las que no queremos tener hijos

La gente me mira raro cuando digo que no quiero tener hijos, como si fuera un monstruo, una mujer rara y a lo menos, extraña “¿Pero por qué no quieres tener hijos?”, me preguntan con seño fruncido “Porque no me dan ganas”, respondo.

Janet Noseda

Por


Psicóloga. Magister en psicología clínica. Especialista en género y diversidad sexual.

Creo que pertenezco a ese pequeño porcentaje de mujeres por sobre los treinta años que han decidido no ser madres. Leí hace un tiempo que era un nuevo fenómeno, que no se veía antigüamente y que incluso algunas mujeres se habían sometido a histerectomía (sacarse el útero) estando en edad fértil, pues habían decidido no ser madres.

No es justo ser mirada como bicho raro por no querer ser madre, pues ese binomio mujer/madre nos pone un tremendo peso social sobre nuestros hombros. Creo que las que no queremos ser madres y hemos tomado esa decisión de forma libre, firme y clara, somos miradas como bichos raros, pues existe en la sociedad ciertas creencias sobre la feminidad, como el que ser mujer es sinónimo de ser madre.

En América Latina, especialmente, la figura de la mujer madre es enaltecida y hasta es signo de devoción popular, siendo Chile un país más marianista que cristiano. La madre, es sinónimo de algo celestial y místico, que lleva a la mujer a un estatus de santidad, quitándole el factor sexual.

No es raro entonces que exista tanta controversia ante el aborto, puesto que esa figura de mujer/santa, persiste en el inconsciente colectivo ¡Cómo entonces una mujer va a decidir interrumpir un embarazo! Esa decisión la baja de aquel pedestal de santidad a uno de aberración y casi demonización.

Existe también la creencia de que la maternidad tiene que ver con un factor biológico. Se ve como “contra natura” una mujer que no sienta el impulso “natural” de ser madre. Creo que una cosa es sentir deseo de sexualidad para la reproducción y otra, es sentir deseo de ser madre. La maternidad es una decisión conciente, lejos de un instinto sin reflexión.

Me han dicho muchas cosas respecto a mi decisión. Me han dicho que no voy a tener quien me cuide en la vejez, no tendré quien me acompañe o que no estaré completa hasta no ser madre.

No creo que sea justo el traer hijos al mundo para que me cuiden cuando sea anciana o para que me acompañen. Así como no creo justo que a quienes hemos decidido no ser madres, se nos cuestione tanto. Soy una mujer tan completa y tan mujer como aquella que es madre, pues mi estatus de ser humano en plenitud, reside en otros factores.

Con todo esto no estoy menospreciando a las madres. Para nada. Me merecen todo el respeto puesto que después de toda esta presión social por ser madres, les viene todo el abandono de la sociedad, con isapres que les niegan las licencias cuando sus hijos se enferman o las convierte en candidatas menos aceptables para un trabajo.

Me parece muy familiar esto de “no estaré completa hasta que o sea madre” con el “no estaré completa hasta que no encuentre a mi media naranja”, como si fuera un ser humano a medias, esperando a ser completada siempre por otro, ya sea una pareja o un hijo o hija.

¡Cuánto daño hacen esas premisas en las mujeres! He visto mujeres que aguantan hasta maltratos persiguiendo esta idea de mantener a la supuesta media naranja y a otras que ante la presión social del “se te está yendo el tren”, se emparejan con gente que en otras circunstancias no habrían elegido.

Así, las mujeres vivimos llenas de presiones que nos llevan a tomar malas decisiones, aguantar malos tratos o embarazarnos porque ni siquiera nos hemos cuestionado si es lo que queremos realmente.

Yo no estoy dispuesta a traer hijos al mundo para satisfacer a la sociedad. No estoy dispuesta a que mi cuerpo cambie y mis órganos internos me lleguen hasta la boca del estómago. No estoy dispuesta a vivir por alguien más que no sea yo misma.

Al principio, cuando pensaba en esto sentía culpa. Y claro, como no, si siempre había aprendido que las mujeres vivimos por alguien más, llámese pareja e hijos y que eso nos llevaba a un estatus sobre lo terrenal.

Después, me di cuenta que tengo derecho a elegir si quiero o no ser madre y eso me parece mucho más responsable que aquellas que son madres porque tienen que serlo. Yo no traeré al mundo hijos que no deseo. Prefiero ser honesta conmigo misma. Por eso creo que Chile necesita aprobar una ley de aborto; porque las mujeres tenemos que tener el derecho a decidir la maternidad. No nos la pueden imponer.

Alguien una vez me dijo que los hombres eran la cabeza del Estado y la mujer, el cuerpo y vaya que es cierto. Nuestros cuerpos son usados literalmente, por otro, que deciden y nos imponen la maternidad a como dé lugar, incluso en situaciones límite como embarazos producto de una violación. Invito entonces a reflexionar sobre estas cuestiones tan importantes, sobre el arquetipo de la virgen y sobre cómo se nos enseña que la maternidad nos hará mujeres completas. Yo estoy completa y lo soy desde que soy, siendo tan mujer como cualquier otra.

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