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Opinión

Las tantas formas de morir

Las tantas formas de morir Las tantas formas de morir

¿Qué nos pasó como sociedad que no estamos viendo esa urgencia? ¿Por qué nosotros, seres humanos, podemos caminar al lado de otros seres humanos que viven en la calle sin acercarnos ni considerarlos?

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Presidente ejecutivo de América Solidaria

Pienso en la contingencia de estos días, de las muertes de Peter Rock, Patricio Aylwin, Prince y tantos otros. Veo las redes sociales reaccionar y la gente compartir contenido una y otra vez, dejando ver el efecto que produce, las emociones instaladas y diversos debates. Y a la vez, me encuentro con la dolorosa noticia de que el domingo pasado murió un hombre de frío. Si señores, murió de frío.

Lo encontraron vecinos en la calle Victoria, en La Cisterna donde vivía, pero fue demasiado tarde, porque sus signos vitales ya habían desaparecido.

Y esta noticia pasa sin mucho ruido, con solo unos pocos que protestan por la evidente injusticia.

Qué difícil resulta empatizar con ese frío tan profundo, desgarrador e invasivo que te lleva hasta a la muerte. Porque muchas veces tenemos frío pero lo solucionamos de inmediato abrigándonos, tomándonos un té o cobijándonos bajo techo.

Hemos llegado a la conclusión que morir de frío es morir producto de la indiferencia.

¿Qué nos pasó como sociedad que no estamos viendo esa urgencia? ¿Por qué nosotros, seres humanos, podemos caminar al lado de otros seres humanos que viven en la calle sin acercarnos ni considerarlos?

Volver a mirarnos y a mirar al otro es imperante en la construcción de una sociedad más justa e inclusiva, como lo es también, apoderarnos de la idea que los Derechos Humanos son para todos y todas por igual. No esperemos que otra persona lo haga, no nos conformemos con pasar de largo al lado de una persona durmiendo en la calle y comentar para nuestros adentros “Qué fuerte”. Si podemos dar una mano, un té, un abrigo o comida, bienvenido será.

Sabemos que es urgente que se lleven a cabo las medidas a mediano y largo plazo, que mejore, y ojalá, solucione la situación de los alrededor de 15.000 chilenos/as que viven en la calle hoy. Pero ahora, lo más urgente es tomar cartas y adaptarnos flexiblemente a este clima que no da tregua. Si hay que habilitar el llamado “Plan de Invierno” (albergues y rutas) en medio del otoño, hay que hacerlo. Las personas con frío no pueden esperar. Nuestra sociedad no puede esperar a caer en la completa indiferencia y a que todos se nos enfríe el corazón.

Nos indignamos, nos enojamos y nos decepcionamos. Pero luego de esto, es imperante que nos movilicemos. Que este dolor que nos remece como sociedad sea el motor de acciones concretas para que todos y todas construyamos una sociedad más justa y empática.

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