Jueves, 23 de mayo de 2013

Leemos poco. Y mal.

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No tengo una referencia concreta, pero me atrevería a apostar que el dinero que el gobierno invierte en programas de incentivo a la lectura es mayor al que recibe de los impuestos que pagamos al comprar los libros.

Poco: porque si bien estamos en una buena posición en el índice de lectoría a nivel latinoamericano (segundos), quedamos muy al debe cuando nos comparamos con países más desarrollados. Supuestamente en Chile se leen 5,4 libros al año por persona, mientras que en España leen casi el doble. Y digo supuestamente, porque según esto de las estadísticas si yo tengo 2 autos y mi vecino ninguno, ambos tenemos 1. Pero bueno, es un marco referencial.

Y mal: alguna vez leí que Chile estaba numero 1 en el ranking de países con menor comprensión de lectura, otra de esas bochornosas medallas de oro que intentamos no colgarnos al cuello (como la del país con la mayor alza de suicidios en los últimos años o la de liderar el ranking mundial de enfermedades mentales). Creo que le llamaban analfabetismo letrado. O alfabetismo iletrado. Da igual, el tema es que no entendemos lo que leemos. Grave. Porque no se trata solamente de no captar la esencia de un libro, sino que incluso somos incapaces de entender una etiqueta: según un estudio, 3 de cada 5 chilenos entienden con dificultad la fórmula para preparar una mamadera impresa en un tarro de leche en polvo. Chan.

¿Por qué? Porque nos carga leer. En el mismo estudio se preguntaban las razones que motivaban la lectura, y mientras en España el 80% lo hace por placer, en chilito el mismo porcentaje lo hace por cumplir con la pega o la universidad. Y aquí yo culpo a los profesores, a los colegios, al Ministerio de Educación… por no incentivar el amor a los libros. No se trata de hacer campañas publicitarias que digan “Yo Leo”, sino de algo mucho más simple: pongan en la malla libros que nos despierten el amor por ellos.

Personalmente morí de lata al leer El Mio Cid Campeador y nunca logré terminar La Divina Comedia. Preferí sacarme un 3 que leer Hijo de Ladrón y del Quijote solo vi la película. Entiendo el valor histórico y que sean parte de alguna unidad literaria, pero si te obligan a comer brócoli solo porque te hace bien, cuando crezcas y puedas decidir que comer, lo más probable es que no elijas brócoli.

Dudo que en alguna malla curricular de algun colegio de Chile estén los nombres de autores como Hornby, McEwan o Palahniuk y menos aún libros como Harry Potter, El Diario de Greg o Twilight, lo que me parece un error elitista y un tanto snob: si quieres que el cabro coma espinaca, invéntale a Popeye.  Más que mal, estás compitiendo contra el playstation, el cable, el iPhone y el iPad… claramente El Último Grumete de la Baquedano va a salir trasquilado y con sabor a brócoli.

(No estoy diciendo que los clásicos sean malos libros, solo digo que cada cosa tiene su momento: recién hace algunos años decidí darle una segunda oportunidad a El Tunel y me pareció fantástico. Pero hay que caminar antes de correr).

Ahora, si a eso le sumamos que ADEMAS estamos arriba del podio con el trofeo al país con el impuesto al libro más alto, el desincentivo es total. No creo que la gente no lea solo porque es caro, pero al menos parece no fomentar la lectura. Ni la venta de libros. Algo habla de nosotros el hecho de que en Santiago haya una librería cada 100 mil habitantes, mientras que tenemos una farmacia cada 6 mil. La última estadística refleja que más del 60% de los chilenos NUNCA ha comprado un libro. Nunca. Nunca po!

No tengo una referencia concreta, pero me atrevería a apostar que el dinero que el gobierno invierte en programas de incentivo a la lectura es mayor al que recibe de los impuestos que pagamos al comprar los libros, entonces… porque en vez de hacer una campaña publicitaria no rebaja el impuesto… “¿o es muy tonto lo que estoy diciendo?”.

En fin. No se cual sea el camino… probablemente lo mejor sea partir por casa y, a pesar del cansancio, volver a leerles cuentos a los niños antes de dormir en vez de prenderles la tele porque es más cómodo.

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