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Opinión

Lo que no queremos presenciar

Lo que no queremos presenciar Lo que no queremos presenciar

Hoy, siendo jóvenes y teniendo -solo- 21 y 22 años esperamos no tener que ser parte de como 10 personas deciden el futuro de 116 familias. No queremos que nuestros dirigentes se derrumben porque el sistema una vez más les dio la espalda. No solo quieren una casa, quieren por fin ser parte de un país el cual se dice en vías de desarrollo.

Voluntarios permanentes TECHO Chile y proyecto Flor del Valle.
Alejandra Delaveau y Emiliano Méndez

Es distinto ver la injusticia como consecuencia de un sistema histórico que: ser testigos de ella por la acción de personas concretas, con nombre y apellido. Es distinto pensar que “hay un sistema que no lo permite” a saber que “hay alguien que no lo permite”.

Vergüenza es lo que deberíamos sentir todos los chilenos. Pena y frustración es lo que sentimos, después de 8 años trabajando con las comunidades fuimos testigos del rotundo rechazo al proyecto que prometía entregarles una vivienda definitiva y digna, un derecho que cualquier chileno tiene que hacer valer. Entregarles una vivienda que representa el fruto del esfuerzo de años y el sacrificio de vivir en un campamento.

Por culpa de la sociedad y del sistema en el que todos los chilenos vivimos y aceptamos sin cuestionarnos. Esta sociedad que nos define, que nos crea. Sociedad que nosotros mismos formamos para el beneficio de algunos privilegiados siendo la peor parte que no hacemos nada para detenerlo.

No nos cuestionamos por qué aún sigue viviendo gente sin baño, sin ducha, con piso de tierra, sin un techo digno al cual llegar después del trabajo. Internalizamos como obvio que exista la pobreza y la gente en situación de pobreza y no nos damos cuenta que miles de familias continúan en condiciones indignas. ¿Hasta cuando en Chile aceptaremos la discriminación?: discriminamos por color de pelo, de piel, por colegio, comuna, vivienda, universidad y trabajo. Hasta qué punto soportaremos el hecho de no mirarnos como iguales para así avanzar juntos.

El pasado viernes durante el concejo no sentimos más que vergüenza de ser chilenos. De un momento a otro nos encontrábamos presenciando un acto discriminatorio frente a nuestras narices y como si fuese poco, por nuestros representantes elegidos democráticamente para lograr el bien común. La impotencia que sentimos en ese minuto de ni siquiera poder decir una palabra porque efectivamente, nuestra opinión y fundamentos no eran importantes para nadie; ni los míos, ni los de el equipo de dirigentes de Flor del Valle. La segregación y sectorización no fueron importantes, menos el clasismo y la discriminación.

Nos parece profundamente injusto y muy poco lógico que un grupo de políticos vote por la compra de un terreno y tome partido sobre esta, sin siquiera estar involucrados en el proyecto. Hablaban de las buenas y malas políticas, como si no hubiesen personas reales detrás de cada casa, con una historia que ni se molestan en conocer. Como si esas personas no hubiesen estado frente a ellos, escuchándolos en ese mismo momento. Sí, agradecemos que existan gobernantes consecuentes con la lucha hacia un país más justo, pero son la minoría y eso nos avergüenza.

Hoy, siendo jóvenes y teniendo -solo- 21 y 22 años esperamos no tener que ser parte de como 10 personas deciden el futuro de 116 familias. No queremos que nuestros dirigentes se derrumben porque el sistema una vez más les dio la espalda. No solo quieren una casa, quieren por fin ser parte de un país el cual se dice en vías de desarrollo.

Somos muchos los que soñamos con una sociedad donde podamos encontrarnos y seguiremos trabajando con las familias para lograrlo. No quieren regalos, quieren justicia y tenemos que apoyarlos.

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