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Opinión

Lo que nos dejó la Copa América

Lo que nos dejó la Copa América Lo que nos dejó la Copa América

Terminada la Copa América, esta vez con un Chile ostentando el título de campeón, y dado que esperamos que la onda expansiva del futbol permee todo nuestro quehacer, surgen varias preguntas: ¿subió la productividad al menos esta semana? Dado el contexto político económico, ¿mejorará la percepción interna de las elites, porque somos campeones de América? O, como inquirió cierto programa de televisión ¿el triunfo ayudará a mejorar el clima de confianza interno?

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Ingeniera Comercial, mención Administración, Universidad de Chile. Consultora y analista en Recursos Humanos. Docente Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas Universidad Central

Probablemente el que ahora la insignia patria tenga un espacio en esa copa que siempre pasearon otros, no provocará que la productividad laboral chilena cambie; y, tal vez ni las expectativas ni la confianza mejorarán. De aquí en más como pueblo, nos quedará el recuerdo de la experiencia compartida, donde y con quienes vimos el partido, cómo celebramos el triunfo. En las empresas se produce un primer momento de jolgorio, conversaciones y hasta celebraciones, pagos de apuestas y otros ritos, que en un comienzo reducen la productividad porque no estamos dedicados a trabajar, pero cuando nos volvemos a instalar frente a la máquina, al computador, a los clientes, nuestra disposición será diferente, al menos por unos días.

La diferencia para los chilenos en esta ocasión, está en nuestro autoconcepto como colectivo, la mayor confianza en nuestras capacidades e incluso en nuestra suerte. Nos apropiaremos de las características de las individualidades de quienes conforman la selección, del juego de equipo y de la estrategia ocupada.

Un efecto real y vívido para los trabajadores chilenos, claramente, fue que el lunes 6 de julio o más bien la tarde del domingo 5, han sido diferentes a la veintena de domingos y lunes que van corridos del año.

Para la mayoría, la estudiada depresión de los domingo por la tarde, que a muchas personas según diversos análisis les llega a partir de las 16:30 como una suerte de “pasión triste” que de acuerdo a algunos investigadores sentimos desde el momento en que se toma conciencia que se acabó el fin de semana, que viene un día de trabajo al que no quisiéramos volver, por lo menos no el lunes, no llegó.

Este domingo 5 y lunes 6 de julio fueron diferentes, estábamos embargados de emoción, de alegría, de bienestar con nosotros mismos y no estábamos solos: éramos parte de un país que compartía un sentimiento general de felicidad. El saludo del lunes con los compañeros de trabajo fue con sonrisas, espetando “viva Chile”, “campeones”, algunos desatadamente, otros de manera más tímida.

Si los resultados futbolísticos nos favorecen, hay alegría manifiesta e incluso felicidad en los trabajadores, lo que sienta mejores bases en los equipos de trabajo para enfrentar el stress, los conflictos y los cambios con los que convivimos.

Como dijo el psicólogo Herzberg, la real motivación es un generador al interior del trabajador. Y el lunes pasado todos amanecimos con ese generador instalado, con mayor fe en nosotros mismos, empoderados por el logro de la roja, nuestro logro, el del jugador número 12, ese que, como escribió Galeano, bien sabe que sopla los vientos de fervor que empujan la pelota cuando ella se duerme, como bien saben los otros once jugadores que jugar sin hinchada es como bailar sin música.

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