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Opinión

Los 100 días del silencio parlanchín de Piñera

Los  100 días del silencio parlanchín de Piñera Los  100 días del silencio parlanchín de Piñera

El problema es que fue Presidente de Chile. O Mejor dicho: el problema es que mientras fue Presidente de Chile siguió siendo el dueño de uno de los principales grupos de inversión de nuestro país.

Francisco Méndez

Por


Periodista, columnista.

Sebastián Piñera, durante estos 100 días en los que no ha entregado información sobre el caso Bancard, ha hablado de todo. Ha dado clases a las autoridades de cómo deben manejarse las tragedias, sin nunca haber vivido una realmente complicada en su gobierno, y se ha dedicado a hablar de democracia, libertad y derechos humanos, como si fuera difícil identificar la carencia de estos valores en regímenes como el venezolano o el cubano.

Cada vez que puede agarra su cuenta de Twitter y, como si fuera algo así como un sacerdote o un líder moral, predica sobre lo que se debe o no hacer, condenando lo que está bien visto condenar y aplaudiendo lo que está bien visto aplaudir. Pero del caso Bancard, en el que él y su familia son los principales involucrados, no ha dicho absolutamente nada. Ahí pareciera que no tiene ninguna lección que dar, ya que la retórica ética y democrática no sirve en un terreno como el mercado en el que esos dos conceptos son inexistentes.

El problema es que fue Presidente de Chile. O Mejor dicho: el problema es que mientras fue Presidente de Chile siguió siendo el dueño de uno de los principales grupos de inversión de nuestro país. Ahí la democracia no entró en su cabeza, y no le pasó por la mente que tener tanto poder es tal vez uno de los mayores atentados que se le puede hacer a esta en el marco del Estado de Derecho.

Piñera y los suyos no logran entender aquello. Para ellos los abusos de poder se relacionan más bien con un discurso, acompañado de tono y camisas tropicales. Para el ex Mandatario en el ámbito del libre mercado no hay autoritarismo porque, según cree, la libertad es lo fundamental. Olvidando, obviamente, que la desregulación es tal vez el gran caldo de cultivo para la hegemonía del poder económico. O mejor dicho: haciendo como que olvida este importante factor.

Es que es importante insistir: es bastante fácil hablar sobre la democracia y la libertad cuando tienes una visión ideológica de esta, y solamente la identificas con ciertas características políticas. Más aún cuando es tan simple encontrar abusos de poder de parte del Estado en situaciones como la cubana o la venezolana. Lo complicado y valioso, en cambio, es rastrear estos abusos en contextos como en nuestro, en donde todo se viste con aires de libertad, y hasta confundimos las perversiones del mercado, y el nulo contrapeso del aparato estatal, con la “libre acción” de empresarios.

Pero esto el silencio parlanchín de Piñera lo ha pasado por alto. Prefiere regodearse, al contrario, en sus bonitas palabras sustentadas en valores liberales que, si es que no existe un régimen económico lo suficientemente consistente y restrictivo hacia los excesos del poder económico, no son más que palabras al viento que intentan llenar vacíos y desviar la atención.

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