Los hombres hemos estado fuera de la esfera reproductiva – de los temas del calzoncillo- tanto por llamado proceso de feminización de la salud, como por autoexclusión en tanto seres sexuados. Este último tiene que ver con fundamentalmente en mi opinión, y es la hipótesis que me hace más sentido, que versa sobre en la relación homoerótica entre varones heterosexuales en la actualidad, que por ejemplo se expresa en el rechazo al examen de prostata. Se han enfrentado posturas tanto morales como economicistas respecto de la relación de los varones con aquello íntimo en los calzoncillos. Ejemplo de esto es la presencia de varones en el tema postnatal y la voz de nosotros en ese tema. Por otro lado, en el ámbito de nuestra sexualidad ¿alguna vez los varones nos preguntamos si consideramos siquiera viable la mera posibilidad de intervenir el cuerpo masculino, para participar y considerarse como objeto intervenible dentro de lo que implica el proceso reproductivo? Aquí tenemos el tema del anticonceptivo masculino hormonal[1], o aplicarse la vasectomía ¿Qué implicaría esto en las identidades masculinas? Poco se sabe porque poco hablan los hombres de eso. Sin embargo, la lógica masculina, tradicional por cierto, indicaría que ocurre una castración, en su sentido metafórico – tanto literal como socialmente hablando – por cierto. Y esto en el contexto de lo público, ese de la corbata. La corbata denota eso de lo que entenderíamos por socialmente aceptable. Todo lo intimo y que tiene noción de debilidad es parte del mundo del calzoncillo o de lo que no se habla con otros. Eso que los varones poco o nada hablamos porque no nos queremos implicar en nuestro hablar de aquello, ciertamente no con otros varones, eso es medio “gay”, ¿cierto? A nivel individual puede que esta afirmación no es tan tajante pero a nivel colectivo o social claramente esta frontera todavia existe. Tomemos como ejemplo que cada varón que lee esta columna o pregunte a su mejor amigo: ¿Cuáles son los temas de conversación en esa relación? Esa respuesta es el indicador de lo que menciono aquí. Hay ejemplos en donde esta lógica cultural se relativiza. Consideremos el caso del ex-carabinero Carlos Ripetti que a modo de protesta sale en calzoncillos denunciando el maltrato. O sea se traslada a lo público lo íntimo. Ingresa en el espacio de la corbata, que se instala en el espacio de legitimidad y visibilidad pública, muy “propio” de lo masculino como sujeto social. ¿Podría ser que la corbata fuera un símbolo fálico y del orden por cuanto representa eso visible legitimo que, paralelamente, también esconde – como era su sentido en algún momento en la historia – los botones de la camiseta, o como puede en este caso las llamadas “fisuras del modelo masculino hegemónico[2]?. Por lo mismo, sobran las palabras para escribir más sobre ello. Si bien históricamente los varones, o más bien dicho lo masculino (en singular) se han legitimado con poner el apellido (una corbata más simbólica pero no por eso menos real) antes que el femenino. Ahora estamos frente a la pregunta si participamos de manera distinta en los temas del calzoncillo, o en lo reproductivo. El uso de este espacio, y de las cosas en general, siempre es posible hacerlas cosas de otro modo, y es esa la invitación. De pensarlas y hacerlas de modos distinto. Si bien no se podría referir categóricamente – porque eso sería aplicar el racionalismo hegemónico que es justamente lo que se trata de evitar – a este tema, se podría decir, como la mayoría de los autores/as del ámbito de estudios de género, que la omisión y el silencio de los varones en temas del calzoncillo obedece a la masculinidad cuidadora, o más bien dicho protectora del status quo de la masculinidad hegemónica. Esa masculinidad que se cuida o tiene miedo de mostrarse inmerso en lo femenino, en lo supuestamente abyecto. Así finalmente, esta metáfora nos podría permitir situar y externalizar la conversación en la deconstrucción positiva de lo masculino y visibilizar sus encadenamientos sutiles y rígidos.
[1] Esta posibilidad es incipiente y emergente y hay pilotos en curso en Chile, en parejas, para dilucidar la efectividad de estas. Se ha realizado investigaciones en tanto ICMER como en la Universidad de Chile.
[2] Por esto se entiende la forma legitimada de la masculinidad heterosexual, blanca, poderosa, y racional. Esa forma interiorizada al cual los varones quieren todos alcanzar. Su versión femenina es por ejemplo Eva, la mujer sumisa y obediente, contrastada con Lilith que sería aquella que fue hecha de la misma arcilla pero también era igualmente sexual, contestataria, demandante, racional violenta etc. Lo cual el hombre o Dios vio que el varón no podría manejar.
Vea artículo de Humberto Paniagua sobre el tema de la masculinidad hegemónica web: http://www.jerez.es/fileadmin/Documentos/hombresxigualdad/fondo_documental/Identidad_masculina/Discontinuidades_en_el_modelo_hegem_nico_de_masculinidad.pdf



Interesante lo planteado por Devanir, quien anteriormente tuvo el excelente tino de mencionar que la violencia de género también puede ser ejercida contra los propios varones.
“Los temas del calzoncillo” son antiguos temas que, por lo mismo, han sido tan olvidados o silenciados. Hay tantos varones que aún piensan que reproducirse es una “cuestión de las mujeres”, espectadores de dicho proceso… terminan excluyéndose de la reproducción y crianza, y luego se preguntan porqué terminan tan solos. Obviamente, la responsabilidad no es sólo de los varones, hombres y mujeres participamos (diferencialmente, eso sí) de este proceso, el problema se construye también desde los mass media e instituciones.
Un abrazo profeminista, Devanir.