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Opinión

Manuel García y el pecado de ganar dinero con el arte

Manuel García y el pecado de ganar dinero con el arte Manuel García y el pecado de ganar dinero con el arte

Los escritores, músicos o pintores- y todos quienes intenten instalar otra idea en este limitado margen de acción llamado Chile- no merecen ganar dinero. Menos si es que cantan canciones en torno a proceso que atenta en contra de este relato, o por lo menos nos hace preguntarnos con respecto algunas cosas.

Francisco Méndez

Por


Periodista, columnista.

Esta semana se conoció la información de que los músicos Manuel García y Carlos Cabezas habrían recibido cerca de 24 millones pesos, de parte del Estado, por su canción sobre el Proceso Constituyente. Como es habitual por estos días, esto causó una gran polémica que fue acompañada de insultos a quienes habrían recibido esta cifra como si hubieran cometido un pecado atroz y roto esa idea bastante absurda de que los artistas no pueden cobrar por su trabajo, y menos si es que son o dicen ser de izquierda.

Esa es la sensación que queda con los comentarios y la manera en que los medios entregan esta información. Pareciera molestar a quienes enarbolan la bandera del lucro que otros, no ellos, reciban paga. Pero sobre todo parece indignar que sean personas dedicadas al mundo del arte los que reciban millones por entregar un trabajo.

Y es que nos enseñaron que quienes hacen música, pintan o escriben, realmente no trabajan. Quienes pueden atribuirse el mérito de ser trabajadores son, en cambio, los que buscan emprender, formar parte de grandes empresas y ojalá ser ingenieros. Ese es el prototipo del trabajador, del que merece ganarse sus buenas lucas, ya que colabora con el relato y nutre de lenguaje técnico esta ideología que dice no serlo.

Los escritores, músicos o pintores- y todos quienes intenten instalar otra idea en este limitado margen de acción llamado Chile- no merecen ganar dinero. Menos si es que cantan canciones en torno a proceso que atenta en contra de este relato, o por lo menos nos hace preguntarnos con respecto algunas cosas. Es muy peligroso e incluso blasfemo para quienes profesan esta religión de manera soterrada en un período que intenta esconderse tras la idea de la post ideología.

Acá los que tienen derecho a cobrar por lo que hacen son aquellos que han basado su vida en un culto al dinero y lo han puesto como la base del funcionamiento de un sistema. Nadie más. Y esto lo piensan por el gran desconocimiento que tienen de todo lo que no gire en torno a sus narices, construyendo la extraña idea de que quien piensa ideas de avanzada quiere vivir de la naturaleza y del aire, confundiendo a la izquierda con el hippismo y enorgulleciéndose de su terrible error conceptual dando argumentos bastante infantiles y torpes.

Instalar en nuestras cabezas la idea de que la expresión artística es algo así como un hobby que puede realizarse cuando no se esté “produciendo”, es otro de los logros de aquellos que triunfaron en una guerra cultural al lograr imponer su religiosidad sobre nuestros hábitos comunes. Es por eso que lo de García parece un pecado no sólo para ellos, sino también para nosotros, ya que muchas veces somos los más fieles feligreses de esta religión sin darnos cuenta.

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