Una promesa, una historia (storytelling) y ojalá con especialización y foco. Ese es el camino. Ser reconocido por una gran cosa (aunque hagas más de una).
Tu marca, para destacar, debe abrazar una gran promesa (cumplirla) y transmitir eso en cada cosa que hagas. Es lo que hicieron las grandes.
Apple se dedicó a abrazar la idea de la tecnología sumada al anhelo de Jobs (“change the world”) y eso terminó en computadores, iPods, iPads y quizás el producto más disruptivo en la historia de los productos: el iPhone.
De la misma forma Volvo se convirtió en sinónimo de seguridad, Starbucks le dio una nueva vida al café gourmet y el concepto del living de tu casa y Christopher Nolan, cineasta, usando una óptica distinta convierte ideas habituales en películas increíbles (Inception, la trilogía de Batman).
Es así como todo emprendimiento debería enfocarse. Crear una promesa. Una historia. Contarla, VIVIRLA y hacer que los consumidores / clientes / público también la VIVAN. Al máximo. Siempre. Ir pivoteando (girando) sobre la misma en el caso de que sea necesario innovar, pero no alejarse, por ningún motivo de la promesa principal.
Por eso cuando se crean nuevos sitios, marcas, empresas o emprendimientos, eso de dejar para el final la fase de nombrar la compañía, crear la imagen de marca y la historia y atributos que debe tener es el error fatal. Basta, volviendo a Apple, escuchar a Steve Wozniak, uno de sus cofundadores y quien estuvo en Chile la semana pasada.
Apple, según relató, se formó, desde un comienzo como una “compañía orientada al marketing”. Nacía desde ahí y marketeaba desde el proceso de creación de productos. Y así debe ser para toda gran marca.¿El problema? Suena extremadamente simple. Y es lo más complejo de lograr. Si no pregúntenle a los políticos…
