Si, vamos a intentar conversar sobre la VISIÓN. Algo que desvela a los empresarios que no la han podido definir y que buscan año a año poder establecerla.
Y es así que confunden VISIÓN con objetivos generales, como “Ser el número uno…” ó “Queremos ser el mejor en…”, esos que surgen como parte de las reuniones de “planeamiento estratégico” ó de algún trabajo práctico en un MBA…
La visión no es una definición recibida de un mundo pre establecido, ni tampoco es lo que se puede enseñar ó aprender en una escuela de negocios.
La VISIÓN es otra cosa. Es una consecuencia de la vivencia encarnada entre el si mismo y el no si mismo. Entre cada uno de nosotros y su microambiente.
No es para cualquiera…
La visión es un efecto deseado a partir del darse cuenta… Ver lo que otros no pueden ver por la manera en que cada uno puede gestar un mundo posible.
No es gestión, es imaginación. No es operación, es imprevisibilidad. Por eso es política.
Cuándo nos preguntamos acerca de cuánto tiene que ver el talento en los negocios por sobre el conocimiento, ahí está la VISIÓN.
Lo mismo cuando pasamos a la política y a los gobiernos, adónde nos preguntamos por el talento de quienes dirigen, más que por el conocimiento que llevan incorporado.
La VISIÓN no exige conocimiento previo, es un mundo concebido desde el sentido común.
“Queremos alimentar al mundo” dice Nestlé, ó “Qué bueno sería que cada uno de los seres humanos pueda tener una computadora, manejarla fácilmente y hasta comunicarse entre sí”, planteaba hace tres décadas Bill Gates.
Por eso la VISIÓN es un sueño. No es necesario tomarse el fin de semana para pensarla como si fuera un ejercicio presupuestario, está en quien intenta liderar, reflexionando sobre el sentido de las cosas.
Y en quién interpreta lo que falta, las carencias y las ausencias para poder ocuparse de ellas.
¿Podemos vivir sin VISIÓN? Claro, la mayoría lo hace, pero no es la mayoría quien marca el rumbo de los tiempos.
Esos, son los visionarios…
