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Nacional

Medidas anti corrupción: ya no puede quedar nadie

Medidas anti corrupción: ya no puede quedar nadie Medidas anti corrupción: ya no puede quedar nadie

Muchos chilenos incautos, ingenuos o maliciosa y desagradablemente positivos, saltan en un pie con los anuncios de la presidenta Bachelet que pondrían "coto" a la extendida corrupción política nacional. Otros, creen ver el mismo gatopardismo de siempre, toda vez que anuncios como éste ya los hizo en el pasado !Y miren cómo estamos!

Claudio Salinas

Por


Académico, Instituto de la Comunicación e Imagen ICEI. Universidad de Chile

En la cadena nacional, Bachelet siguió con la tónica comunicacional que ha sido característica de su segundo mandato, es decir, nunca refiriéndose directamente a las cosas y permitiendo cuando más, escasas y controladas preguntas a la prensa acreditada, como lo hizo en el caso que involucra a su nuera e hijo. Si hasta la señora de la pobla es capaz de “entregar” a su prole cuando ésta comete algún ilícito de cuantía, como lo hemos visto por la tele en numerosas ocasiones cuando una común y digna dueña de casa denuncia que ha sido su hijo el asesino, en el caso de la presidenta, ella no puede censurar públicamente a su retoño, ni menos censurar duramente a los políticos corrompidos de su coalición. Y no lo puede hacer, sencillamente porque así se hace y se ha hecho la política todo estos años. Porque, en realidad, no es tan malo, sino que “realista”.

Segundo, y derivado de lo anterior, si no los hubieran pillado, no habría ningún anuncio de algún tipo de medida contra la corrupción extendida en el sistema político-empresarial del país. Y esto viene a señalarnos que no debemos compararnos positivamente con Argentina o Brasil, porque, en el fondo y en la superficie, no somos muy distintos. Lo trágico para muchos es saber que no somos ni los jaguares de América Latina, ni menos los virtuosos de Sudamérica. Y que si hemos llegado donde estamos es porque el “milagro chileno”, siútico y aspiracional más parece una condena, porque se ha vendido el alma al diablo y este ha venido a cobrarla. Debiéramos, a estas alturas, haber pedido los servicios profesionales de los hermanos Winchester de “Supernatural” en lugar de los de la comisión de “intelectuales”.

Tercero. Esta comisión de notables viene a ser una especie de grupo de sabios que, desde fuera de la política partidaria, refuerza su misma incapacidad de autoreglarse. Y, de algún modo, es la respuesta obvia que la política de hoy emplea como “placebo” de masas, como aspirina de la siempre difusa opinión pública. No nos olvidemos que los gobiernos de la Concertación y de Bachelet, sobre todo, han sido especialistas en enmarañar y dilatar las soluciones solicitadas por los movimientos sociales creando numerosas e inoperantes comisiones que más parecen un foro que otra cosa. No es lo mismo un anuncio de ley o medidas contra la corrupción, que las leyes que finalmente, los “notables” aprobarán en la realidad.

En otras palabras, debe acontecer una situación como en el fútbol: cuando un goleador es cuestionado por la afición, sólo deja de estarlo cuando vuelve por sus fueros, cuando la emboca nuevamente en el arco rival, y de manera repetida. La Presidenta y la Nueva Mayoría tendrían que hacer algo similar, mostrar temple ante las multitudes, andar calladitos por la vida, y ganarse el afecto de los votantes, pero sin medidas efectistas, que ya no crean realidad, más bien refuerzan lamentablemente la que tenemos.

Cuarto, y final, el quid del asunto. La sospecha de lo que significan los anuncios de Bachelet son fundadas, como hemos visto en el breve repaso anterior. Pero se vuelven totales cuando día a día vemos que son incluidos en el círculo de la financiación irregular de campaña cercanos a su gobierno, como el ministro Peñailillo o Ricardo Solari. Además, se extienden las empresas privadas financistas a buena parte de los intereses económicos, desde la salud al transporte. Como si el platillo de malos payasitos chilenos debiese ser pasado a todo el espectro económico, cerrando los ojos, inclusive, si se trata de cercanos y protagonistas de la dictadura militar, como Ponce Lerou o los cabecillas del deficitario transporte santiaguino (la empresa Alsacia).

Como ya nada importa, ni la procedencia del capital, ni el papel de antecedentes de los “benefactores”, podemos dudar de las generales y “onderas” medidas de la Presidenta. Medidas generales, para la galería, sin un itinerario claro ni procedimientos de verificación concretos. Si miramos desde la colina, se cuentan con los dedos de la mano los políticos sobre los cuales no hay todavía sospecha.

Entonces, se trata de un problema estructural, no es posible controlarlo solo con leyes o decretos. Una depuración generalizada de la política se vuelve necesaria. Como si un problema tan grave lo intentáramos resolver con clases de ética y trabajos comunitarios. Alguien debe perder algo para que se tomen en serio un programa anticorrupción como el que propone, en teoría, Bachelet. Y ese perder algo implica no hacer la vista gorda respecto a las actuales corruptelas. Implica que los “honorables” de hoy sientan y piensen que lo hecho hasta ahora no es pertinente para la democracia. La idea es que se inhiban, por todas las vías, los contactos personales entre los políticos y el gran capital empresarial.

De lo contrario en un escenario de política highlander, puede que no quede ni uno que se salve, y sea el fin de esta especie política aliada con operadores de todo tipo. Como dijo el presidente del Consejo Anticorrupción: “Las medidas deben doler a los parlamentarios, es la forma de que se relegitimen”.

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