Miércoles, 19 de junio de 2013

Mercantilismo democrático

0601-Binominal

Las alzas del sueldo mínimo tienen como consecuencia menor empleabilidad. Producto de esa menor empleabilidad, hoy, muchos jóvenes deben tener estudios de educación superior para poder postular a cargos que antes sólo requerían saber leer y escribir, a lo más cuarto medio rendido.

El activista Iván Fuentes declaró en su última visita a la capital que “el 80% de la ciudadanía” quiere cambiar el sistema binominal, pero las últimas dos encuestas CEP demuestran que sólo el 2% de la población cree que la reforma al sistema binominal debe ser prioridad del gobierno. El mesiánico Fuentes y sus camaradas concertacionistas creen o quieren hacer creer a la ciudadanía que sin el binominal la UDI desaparecería.

El sociólogo Eugenio Tironi añade que “el sistema político que nació con Pinochet” creó “una derecha subvencionada por el sistema binominal”. Cuando se habla de “la derecha” y de Pinochet en una misma frase, se está hablando de la UDI.

Lo cierto es que el binominal no beneficia a ningún partido político en particular, pero sí beneficia a los candidatos que ya están en el Congreso. Cuando los parlamentarios logran cobertura en los medios por querer “cambiar el binominal”, no se refieren a hacerlo más competitivo. Todo lo contrario. Sería absurdo pretender que parlamentarios busquen fórmulas que pongan en riesgo su futuro político y con ello sus privilegios.   El diputado Pedro Browne (RN) lanzó una encuesta en Twitter con la pregunta: “frente a 2 alternativas Binominal o Proporcional, cual es mejor para democracia”.

El sistema proporcional que impulsa el sector populista de Renovación Nacional, incluye 42 cupos más en el congreso y convierte a los partidos políticos en corporaciones que se reparten cuotas de participación en un mercado regulado por ellos mismos.

Si los políticos realmente aceptaran la competencia y el significado real de la democracia, propondrían un sistema uninominal, con primarias abiertas, sin listas y sin pactos electorales o de omisión.  Pero pedirle a un político que se abra a la democracia, es como pedirle a un sindicalista que abran el mercado laboral a jóvenes desempleados, y eso no sucederá mientras sus aliados en el congreso sigan instalando barreras de entrada, como el llamado “sueldo mínimo”.

Ningún sindicalista gana el sueldo mínimo, cuando ellos dicen que el alza del sueldo mínimo “es insuficiente”, en realidad están diciendo que quieren subir más los costos de contratación de su competencia (jóvenes y desempleados), para mantenerlos lo más alejados posible del mercado laboral.  Cuando Alemania se unificó, los sindicatos de la construcción de Alemania del Oeste hicieron lobby para subir el sueldo mínimo de sus nuevos colegas del Este, y con ello evitar competir con ellos por los mismos puestos de trabajo.

Las alzas del sueldo mínimo tienen como consecuencia menor empleabilidad. Producto de esa menor empleabilidad, hoy, muchos jóvenes deben tener estudios de educación superior para poder postular a cargos que antes sólo requerían saber leer y escribir, a lo más cuarto medio rendido.

A los políticos les gusta aparecer defendiendo a los jóvenes y a las Pymes, pero rara vez los defienden. En ninguna “negociación” de leyes laborales están presentes jóvenes desempleados o dueños de Pymes.  Los políticos negocian las leyes laborales con los grandes sindicatos y gremios empresariales. Ni a los sindicalistas ni a los grandes empresarios les afecta el sueldo mínimo, pero ellos son los encargados de negociar con los políticos las reglas para los jóvenes y las Pymes. Esa es la forma como los grupos de interés regulan al resto de la sociedad.

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