Hay varias verdades básicas: que el discurso de Piñera del 21 de Mayo fue débil, abúlico y que el discurso de Piñera el 21 de Mayo fue consistente. Que por pedir perdón, Piñera demostró grandeza y que la pedida de perdón de Piñera fue una declaración vacía. Que la investigación por las responsabilidades de Bachelet tras el terremoto no debe ser politizada, que a Bachelet no se le toca y, por otro lado, que Bachelet es responsable de la muerte de los chilenos a los que no se les avisó que venía un tsunami. Que la derecha no tiene autoridad moral para gobernar, ni a veces para opinar, por los abusos del gobierno de Pinochet y su mercado y luego que la izquierda tampoco tiene autoridad moral, ni para gobernar ni para opinar, por los abusos de la Concertación y su mercado.
Verdades básicas que no sirven para nada. Porque no son una discusión. Todo esa fiesta de alharacos lo único que demuestra es que tenemos un problema: no sabemos leer. Y eso trae varios otros problemas, de los que me interesan dos.
Uno, que como no entendemos lo que leemos (ni lo que escuchamos, a veces), en vez de leer las ideas de otros y considerarlas como posibilidades que cambian nuestras ideas de las cosas y cuestionan nuestras certezas, las rechazamos antes por eso mismo, porque cuestionan nuestras certezas. No nos interesa cambiar nuestras ideas, preferimos leer profecías autocumplidas en que el otro siempre está equivocado y siempre está movido por un interés ilegítimo.
Lo dijo Paulsen: “todavía existe esta idea de que, en términos estrictos, la esfera pública es una esfera donde discuten intereses contratados (…) se cree que todas las personas representan un interés espúreo que no tiene que ver con la virtud (…) y que siempre hemos logrado detectar ese interés”. Nuestras certezas nos han transformado en unos cínicos. Hoy la polarización se ubica siempre antes que la discusión.
Y dos, que si no hay esa posibilidad de discusión, se erosiona la idea política que justifica la misma organización de la sociedad: que dependemos unos de otros.
Nos hemos olvidado de leer lo dicho y en su lugar leemos sospechas. Leemos declaraciones, leemos entrevistas, leemos columnas de opinión sabiendo con anterioridad que vamos a estar en desacuerdo con el que lo dijo. En los medios de comunicación y en las redes sociales la sospecha es transversal.
Lo dijo Jorge Navarrete: “es un espacio donde discrepar es equivalente a traicionar”. Se asume que cada afirmación es una declaración de principios inapelable y sorda, nunca un diálogo. Si alguien dice una sola vez algo en contra de alguien, inmediatamente es su enemigo y si dice algo una sola vez a favor de alguien, para la audiencia pasa inmediatamente a avalarlo y a ser militante de su causa. Estamos repletos de vacas sagradas, no se puede tocar a Piñera, no se puede acusar a Bachelet, no se puede disentir de Jaime Gajardo ni menos de Camila Vallejo.
Paulsen de nuevo: “Chile es uno de los países más ideologizados del planeta. Abundan las cosas que se rechazan simplemente porque “no pueden ser” y otras que se proponen porque “es lo que corresponde”. Vivimos en certezas ciegas que etiquetan todo antes de que se empiece a hablar, haciendo imposible la disensión. Como dijo alguien en twitter: “si el atacante de mi equipo simula un penal aplaudo, si lo hace el rival reclamo. Asi mismito evaluamos a los gobiernos señores”.
¿El problema más grave de todo esto? El Estado. Esta sordera impide el Estado. Un Estado que no es el gobierno ni es el poder, lo dijo Boric “un Estado que, vale recordar, somos todos nosotros”.
Para empezar, por ejemplo, ¿es posible preguntar a los que están seguros de que las disculpas dichas por Piñera lo engrandecen, qué es eso que lo engrandece? No somos pocos los que solo escuchamos que pidió perdón pero no entendemos por qué cosas concretas ¿Por sus errores? Eso no dice nada.
Concretamente ¿qué significa eso? ¿A cuáles errores se refiere? ¿Va a hacer algo por reparar las consecuencias de esos errores o solo pidió disculpas a la pasada sin esperar respuesta? ¿Esa declaración significa que alguna política central de su gobierno va a cambiar drásticamente? ¿Cuándo? ¿O fue solo un decir?.

