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Nuestra política; una pelea de gallos

Nuestra política; una pelea de gallos Nuestra política; una pelea de gallos

Nos tienen embrutecidos con su show, dejamos de cuestionarnos para obedecer ciegamente, agregándole una cuota de miedo incluso de humor, como menciona el humorista Coco Legrand: “siempre de huevón” como si fuese un talento. Callamos para ver la pelea, gritamos cuando todos gritan y volvemos a callar cuando nos preguntan, porque todavía nos da miedo opinar.

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L&C Consultores, Licenciado en Letras y Literatura, Gestor Cultural, Magíster en Educación y Profesor de la UNAB.

Hace tiempo que no está entre nosotros, pero a pesar de ello nunca dejará de marcar la pauta del género periodístico en su lado más oscuro, crudo, consecuente y vulgar,  así fue Hunter S. Thompson, el hombre que disparaba con palabras, sumergido en la realidad trataba de salir a flote viviendo en el extremo y analizando con miedo y asco el futuro, el que mencionaba en una carta el mismo día que asesinaron a Kennedy diciendo; “la política se transformará en una pelea de gallos y se perderá toda razón”.

Hoy el acontecer social es distinto, sobre todo en nuestro país, sin embargo la frase nos genera un sentido feroz, abrumador y vergonzoso, nuestra política nos ruboriza la piel, nos estresa, alienando a nuestros ciudadanos y dividiendo los equipos para apoyar ciegamente a uno de los dos gallos de pelea, con la finalidad de que posteriormente solo algunos recolecten las apuestas, se  llenen los bolsillos y generen expectación para a la próxima pelea. La razón no se encuentra en la política, la hemos perdido entre tanta estupidez.

Los políticos nos representan, votemos o no por ellos, son lo que sembramos como sociedad, algunos apáticos que creen que por el hecho de omitir escapan de su responsabilidad como ciudadanos, delegando el fracaso en “los otros”, pero no se dan cuenta que no es más que una proyección de su culpabilidad como lo hacemos en tantos otros aspectos de nuestra vida, entendiendo que muchas veces parece ser la única opción, para no tener que votar por el menos malo, o para que directamente no gane el más malo.

La razón no se encuentra en desprestigiar todo lo que dice o hace el partido contrario, de hecho esto es lo más absurdo que se podría hacer, la razón nos invitaría a comprender y mirar el futuro, no unos a otros de frente y con rabia, porque así no se avanza, se estanca y se reparten los poderes, pasándose la pelota una y otra vez, para que los mismos se mantengan gracias al pago que a diario genera un público que apoya embrutecido este decadente espectáculo.

Nos tienen embrutecidos con su show, dejamos de cuestionarnos para obedecer ciegamente, agregándole una cuota de miedo incluso de humor, como menciona el humorista Coco Legrand: “siempre de huevón” como si fuese un talento. Callamos para ver la pelea, gritamos cuando todos gritan y volvemos a callar cuando nos preguntan, porque todavía nos da miedo opinar. Entregamos las apuestas siempre en masa, hablamos desde lejos, tiramos la piedra si estamos en el montón, somos unos cobardes por donde se nos mire y estamos perdiendo la razón. Que no nos extrañe entonces ver la calidad de políticos que tenemos, quienes necesitan que todo se mantenga tal cual está, ignorantes dominados por ignorantes, un poco de circo para el pueblo y se acabó toda discusión, volvamos a la pelea de gallos, no hay más que hacer.

“Dividir para reinar”; ese ha sido el lema de nuestros partidos políticos, quienes hacen todo esto para mantenerse en el poder, muchos son amigos entre contrarios mientras afuera la tropa bruta se pelea por ideales que nadie defiende adentro, porque la consecuencia no existe, del dicho al hecho hay un abismo y no nos parece importar, porque hay cosas que no podemos cuestionar en el sistema político y económico actual, muy bien nos enseñaron eso los curitas en el colegio.

La razón desaparece entre insultos de quienes se sienten representados por uno u otro sector, mientras los gorditos se soban la panza, entonces vuelvo al miedo y asco que mencionaba Hunter S. Thompson, a la pérdida de la razón que vaticinaba luego del asesinato de Kennedy y a mi postura que le hace un guiño a las nuevas generaciones. En ellas siempre se verá la esperanza, hoy están más preparados, hoy tienen en sus manos el poder de la información, es de esperar que no la cambian por un estado en Facebook y de una vez por todas abandonemos la pelea de gallos, porque si nadie las ve desaparecerán, y así quizás quede una nueva vacante para la razón.

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