Martes, 21 de mayo de 2013

¡Nunca más weas a medias!

Everest

No tengo duda que junto a Claudio, 20 años atrás, y ahora, he tenido el privilegio de liderar equipos excepcionales. Quizás esta es una tarea que debiera ser intrínsecamente parte del ejercicio de liderazgo, donde sea que éste se ejerce.

Amigos y amigas, al escribir esta reflexión, me remece el deseo de que ustedes la lean cuando ya estemos en la cumbre del Everest o camino a ella. Así podremos celebrar juntos una conquista que tiene arraigado el motor ejemplar que significa nuestro maestro Claudio Lucero.

Hace 20 años atrás, escuché por radio sus gritos luego de que llegáramos a la cumbre: ¡NUNCA MÁS WEAS A MEDIAS!

Estas palabras que nos resuenan con más fuerza hoy, tienen la historia del cariño fraguado con el tiempo y la historia de estos años junto a equipos excepcionales con quienes hemos trabajado en Vertical S.A.

En esta nueva experiencia, todas las nociones de liderazgo y trabajo en equipo, emergen como pilares fundamentales para lograr grandes objetivos. Sin embargo, no podemos engañarnos pensando que hemos encontrado, en dichos pilares, la fórmula óptima de hacer las cosas, ¡no! Por el contrario, se nos abren desconocidos desafíos adaptativos que no sabemos cómo enfrentar, situaciones que nos exigirán dejar atrás creencias o paradigmas.

Es motivante saber que para el desarrollo de las organizaciones y la sociedad, no es suficiente con ser técnicamente experto, esto es solo un componente básico. Lo realmente esencial de nuestra naturaleza humana es el deseo de construir comunidad, convivir en colaboración, relacionarnos con respeto y aspirar a ser parte de un equipo excepcional.

¿En que consiste ser parte de un equipo excepcional? A mi juicio, consiste en hacer algo juntos que engrandece la vida y ser felices mientras se vive. En otras palabras, amamos la vida, llena del sentido que emerge cuando nos alienta un propósito basado en valores compartidos, arraigados con autenticidad y coherentes con nuestra historia.

No tengo duda que junto a Claudio, 20 años atrás, y ahora, he tenido el privilegio de liderar equipos excepcionales. Quizás esta es una tarea que debiera ser intrínsecamente parte del ejercicio de liderazgo, donde sea que éste se ejerce.

Es el momento de compartir con ustedes la profunda gratitud que siento por mis padres y mi familia, cada huella que dejé en la nieve, contiene un misterio de trascendencia silenciosa.

Finalmente, el título de esta columna, es más que un tributo a Lucero, el maestro, es además una declaración de compromiso por promover una vida mejor en comunidad, con transformaciones reales hacia la solidaridad y justicia social, donde no podemos hacer las weás a medias.

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