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Opinión

¿Otra vez la orquesta del Titanic?

¿Otra vez la orquesta del Titanic? ¿Otra vez la orquesta del Titanic?

"En la Fuerza de Mayoría, por lo que se ve, sienten una profunda admiración por esa épica cinematográfica de la orquesta del Titanic: ellos pueden tener el agua al cuello pero ni siquiera sienten los pies húmedos".

Patricio Araya

Por


Periodista y Licenciado en Comunicación Social (Usach).

Según una nota interpretativa publicada por El Mostrador, el senador Alejandro Guillier tiene perdida la carrera presidencial, a tal punto que “su campaña está impregnada de un fuerte aroma a derrota”, mientras que en su equipo admiten que no habría cómo garantizar la unidad de la centroizquierda para enfrentar a Sebastián Piñera en la segunda vuelta.

Pues bien, dado que se trata solo de una interpretación periodística y no de una certeza absoluta –solo posible a partir del día de la elección–, ella podría ser correcta o estar equivocada. Entonces, a partir de ella, ¿qué se supone que deberían hacer en las próximas dos semanas los partidos políticos que sustentan la opción del senador por Antofagasta, qué debiese hacer el propio candidato?, sobre todo cuando ya se habla de “rearme”, una estrategia refundacional a la que la centroizquierda estaría obligada a recurrir tras la inminente debacle del 19 de noviembre, una vez asumido el “inevitable fracaso”.

¿Acaso todo esto no un es Déjà vu de ese Annus horribilis que fue el 2009, cuando la otrora Concertación perdió el poder a manos de Piñera? Sin duda lo es. El problema es que en el conglomerado sucesor también tardan demasiado en percibir su entorno; en la Fuerza de Mayoría, por lo que se ve, sienten una profunda admiración por esa épica cinematográfica de la orquesta del Titanic: ellos pueden tener el agua al cuello pero ni siquiera sienten los pies húmedos, y siguen en la suya, como si nada. Así es bien difícil enfrentar una contienda electoral que desde un principio venía mal estibada, en especial, por la decisión de Guillier de mantenerse alejado de los partidos, cuestión que lo obligó a salir a buscar firmas para competir como independiente… apoyado por los partidos de la Nueva Mayoría, menos la DC; otro óbice fue la marginación del oficialismo en las primarias del 2 de julio. De modo que legitimar la candidatura se transformó en un asunto innecesario y que solo melló su aspiración.

Tal vez hoy resulte admisible que las encuestas modelan la decisión de los electores y, en gran medida, la de los partidos; sin embargo, en esto la política es como la hípica: aquí no opera la lógica. De ser así, siempre ganaría el favorito y no habría elecciones (ni carreras). Lo que sí es lamentable es que hoy los destinos del país estén a merced de subjetividades como las encuestas y sus consecuencias anímicas. Mientras algunos saltan de felicidad cuando los números suenan bonito, otros sufren cuando las cifras son del terror. Pero lo que no obedece a ninguna lógica es que una coalición política como de la Nueva Mayoría se agreda a sí misma, facilitándoles la tarea de horadarla a sus adversarios, volviendo cada cierto tiempo a cometer los mismos errores, como si se tratara de una obligación. “Es imposible ganarle a Piñera, no solo hay un mal candidato, sino que la derecha instaló eficientemente la idea de que el país está mal”, se quejan en el oficialismo. ¿Otra vez la misma gabela de echarle la culpa al empedrado? La orquesta del Titanic vuelve a sonar como en 2009, sin que nadie la escuche; peor aún, otra vez entra en escena sin que sus músicos sientan el agua en sus pies.

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