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Paciencia

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"Los que recuerdan con nostalgia el fútbol de la UC de Juvenal Olmos o la de Juan Antonio Pizzi, hoy deben entender que el nuevo proceso representa en Católica prácticamente un cambio de paradigma".

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Periodista de profesión, Cruzado de nacimiento. Panelista en @Planeta_UC, todos los lunes a las 19:30 horas por Radio Sport Chile.

Es difícil pedirle paciencia a una hinchada que en los últimos tres años prácticamente ha sumado sólo frustraciones. La decepción de perder un campeonato es una herida que cuesta cerrar, pero cuando ocurre en varias ocasiones, y de forma consecutiva, es como un cáncer que requiere tratamiento para ser sanado.

Pero la dificultad en pedir paciencia no pasa por cargar con el dolor de la derrota, sino porque pese a ello, el hincha de la UC nunca ha dejado de estar. Como todos los clubes en Chile, no llenamos nuestro estadio cada fin de semana, es cierto. Pero también es un hecho, que en cada partido en San Carlos, al menos hay seis mil personas que siempre están, aunque vengamos de la más dura de las derrotas o incluso de perder un campeonato.

Este semestre no ha sido la excepción. 10 mil personas han llegado a San Carlos en los dos partidos que hemos jugado de local, incluso en el último ante Cobreloa, pese a venir de perder con la Unión Española. Una derrota que dolió, principalmente, porque lo poco mostrado en la cancha significó, otra vez, un golpe en las ilusiones de muchos.

Porque cada torneo que se inicia renueva las esperanzas de los hinchas y es imposible no soñar con ser campeón, pero para muchos, y con pocos partidos en este nuevo proceso, ya se comenzaba a bajar la cortina porque el fútbol sencillamente no aparecía.

Por eso la goleada ante Cobreloa fue un premio. Es que siempre se ha dicho que el hincha de la UC es de paladar exigente y que gusta de un fútbol vistoso. Históricamente ha sido así, pero si hay algo que hoy debemos tener claro, es que ése juego, en esta etapa, no llegará. Los que recuerdan con nostalgia el fútbol de la UC de Juvenal Olmos o la de Juan Antonio Pizzi, hoy deben entender que el nuevo proceso representa en Católica prácticamente un cambio de paradigma.

Porque los que se entusiasmaron con la oferta de la dirigencia de un técnico “bielsista”, deben entender que ese prototipo no llegó y que el estilo hoy es otro. Julio César Falcioni es un técnico pragmático. Si no es casualidad que cuando la gran mayoría creemos que a esta UC le falta un centrodelantero, para él la única necesidad era traer otro defensa. Su idea es distinta.

Es incuestionable que al equipo aún le falta mucho en el juego, pero hay que entender que lo que el hincha de la UC cree que falta, no va a coincidir necesariamente con lo que Falcioni estime que hay que mejorar. Porque si la gran mayoría de nosotros cree que el problema es que el nivel de producción ofensiva en el medio campo está muy bajo, lo mejor es empezar a acostumbrarse a que la base del juego de Católica hoy es una línea de cuatro defensas muy bien parada, cuyo objetivo es no cometer errores, y seguramente ésa es hoy la principal preocupación del técnico.

Así las probabilidades de que el juego de esta UC no se acomode a lo que históricamente le ha gustado a sus hinchas son altas y por eso el desafío una vez más nos pone a prueba. Dejar de lado las frustraciones, y en muchos casos la rabia, para sumarnos todos a un carro que hoy es distinto, pero tiene el mismo sueño de cada inicio de campeonato.

Aprender a disfrutar con un equipo que probablemente no va a buscar dominar un partido, sino que funcionar tácticamente bien y aprovechar el dinamismo del juego para liquidar los encuentros en las pocas ocasiones que se cree. Que el engranaje funcione requiere de trabajo y de tiempo, y por parte nuestra de paciencia.

La goleada ante Cobreloa es un aliciente para creer, y a la vez un premio al que no debemos acostumbrarnos. Y eso no significa que no habrán otros triunfos así de contundentes, sino que sencillamente creo que será más común tener resultados estrechos. Es un remezón para el fútbol que siempre nos ha gustado, un cambio de estilo que no es fácil, pero cuyo trabajo puede traer resultados para un club y una hinchada que necesita de éxitos. Quizás no sean inmediatos, pero hay que apostar y hacer el cambio, porque hoy más que jugar “lindo”, a mí al menos, me importa ganar.

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