El éxito del cine japonés de terror (J-Horror) había determinado que los norteamericanos – con su creciente crisis de creatividad – empezaran a copiarlo. Por eso es extraño que se dé el fenómeno inverso, esto es que un japonés copie un filme estadounidense de ese género.
Hagamos un poco de historia.
El horror japonés es de fundamento psicológico y se concentra más en lo que no se muestra que en lo que se muestra. Sus fantasmas son los yūrei, almas de difuntos que no encuentran la paz y no pueden reunirse con sus antepasados en el Más Allá. Una antigua película de Kaneto Shindo, Onibaba (1964), ambientada a fines del siglo XIV, aludía a un espectro femenino de ese nombre.
Con estos antecedentes, la película El aro (Ringu, 1998), de Hideo Nakata, no era particularmente novedosa, pero incluía recursos tecnológicos modernos: el teléfono, filmaciones, televisión. El éxito de taquilla hizo posible de inmediato una secuela (Ringu 2, 1999), del mismo director, y una versión hollywoodense de Gore Verbinski (The Ring, 2002) con Naomi Watts. Ese mismo año, Nakata dirigió Honogurai mizu no soko kara, que no llegó a Chile, pero sí la versión de Walter Salles, con Jennifer Connelly (Dark Water, 2005). En ese momento, Nakata dirigió la versión norteamericana de The Ring 2, siempre con Naomi Watts.
Mientras tanto, había sido el turno de Ju-on (The Grudge, 2000), de Takashi Shimizu, que también dirigió la versión norteamericana. (2004) con “Buffy” Sarah Michelle Gellar y – mientras en Japón ya ha tenido varias secuelas – en Estados Unidos se detuvo en la dos, dirigida por también por Shimizu.
Paranormal Actitivy (como El proyecto de la Bruja Blair, 1999) representó algo nuevo y esto llevó al director Toshikazu Nagao a desarrollar su propia versión japonesa, que tiene como subtítulo Tokio Night. Si él hubiera sabido que, al mismo tiempo, se estaba filmando Actividad paranormal 3, que es de veras inquietante, tal vez se habría ahorrado el esfuerzo.
Aquí es el relato de una estudiante (inválida por un accidente automovilístico) y su hermano que han traído un fantasma de su estada en San Diego. Se repiten las grabaciones en video con la indicación de día y de hora, se repiten los acosos fantasmagóricos, pero causan menos impresión porque nos parecen referidos a un mundo muy distinto del nuestro.
El único aspecto interesante de la película resulta ser el choque entre presencias malignas occidentales y la tranquilidad oriental. De hecho, la mejor secuencia de la película es la ceremonia de “limpieza” del departamento por parte de un monje.
(Paranômaru akutibiti: Dai-2-shô – Tokyo Night. Japón, 2010).
