Martes, 21 de mayo de 2013
Elisa Browne

Desde la butaca

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“Persiguiendo a Nora Helmer”: empoderamiento femenino

Persiguiendo a Nora Helmer

La obra toma los elementos más importantes de este clásico, los mete en una juguera y los contextualiza en un nuevo tiempo y espacio. Pareciera ser que los acontecimientos ocurren en un Chile que podría ser el de hoy. Los personajes alternan textos tanto de la obra como de su propia cosecha.

Persiguiendo a Nora Helmer es el nuevo estreno del Teatro La María dirigido esta vez por Alejandra Von-Hummer.  La Compañía trabaja en base al clásico del siglo XIX de Henrik Ibsen, “Casa de Muñecas”, pieza símbolo de la liberación femenina, muy discutida en su época.

“Casa de muñecas” cuenta la historia de Nora Helmer, mujer de clase media acomodada que goza de una aparente racha económica (al marido lo han ascendido en el banco) pero guarda consigo un tremendo secreto: hace años ha debido endeudarse para curar la enfermedad de su marido. Para esto ha falsificado la firma de su padre moribundo lo que sale a la luz cuando Krostag, el prestamista, es echado por el mismo Helmer de su trabajo en el banco y amenaza a Nora con demandarla y sacar todo a la luz pública. El Sr. Helmer termina por enterarse de todo y le prohibe a Nora la educación de sus hijos para luego retractarse por la anulación de las amenazas del propio Krostag. Nora se da cuenta de que su vida es una farsa y que ha pasado de ser el juguete de su padre al juguete de su marido por lo que decide abandonarlo a él y a sus hijos.

“Persiguiendo a Nora Helmer” toma los elementos más importantes de este clásico, los mete en una juguera y los contextualiza en un nuevo tiempo y espacio. Pareciera ser que los acontecimientos ocurren en un Chile que podría ser el de hoy. Los personajes alternan textos tanto de la obra como de su propia cosecha.

El espectáculo comienza con 5 personajes en  ropa de mujer esperando en un espacio vacío. A medida que la acción avanza nos damos cuenta que estos personajes son Nora, Cristina (amiga de infancia de Nora), Helmer, Krostag y el Dr. Rank (amigo de la familia). Nora es perseguida y acosada por las exigencias de todos los sujetos de la obra quienes entran, salen, adoptan distintos roles (mujer-hombre), en distintas situaciones y espacios. La atacan, la critican, reprochan su gusto por la plata, su materialismo, su falta de sexo. La denigran. Ella confiesa que de lo único que se siente orgullosa es de haberle salvado la vida a su marido. Ese orgullo es al mismo tiempo su propia cárcel: una deuda de 35 millones de pesos.

De esta situación se desprenden las expectativas de Nora de tener una relación más igualitaria con lo masculino, de sacrificarse en pos de alguien que se sacrifique con ella también, de tener una identidad que la defina no sólo derivada de su sexualidad que le ha asignado un rol (mujer-esposa) sino de su propia conciencia. De ser alguien en la vida y no el juguete de alguien, en este caso el juguete no sólo de su padre y esposo sino de todo lo masculino que rodea su vida. Todos los personajes masculinos dentro de la obra esperan algo de su parte, hasta el propio Dr. Rank quien le confiesa su amor secreto antes de morir y sueña con una respuesta positiva. El empoderamiento de Nora es la única salida que tiene ante la opresión de una sociedad que ha determinado el nulo intercambio de roles. Su convicción interna la lleva a tomar una decisión radical.

No es raro entonces que la estética que cruza la obra haga referencias al travestismo. Un travestismo que deja notar igual el sexo masculino, un poder que aunque se reviste queda a la vista igual. Un poder estático y lapidario que todavía cruza

Tamara Acosta nos hace viajar de la mano por los distintos estados que recorre Nora para llegar a su decisión final; con ella reímos, lloramos, nos angustiamos y lo más importante, nos identificamos ya  que gracias a esta adaptación, podríamos encontrar a este personaje, a la vuelta de la esquina.

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