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Opinión

Piñera, el gran extremista

Piñera, el gran extremista Piñera, el gran extremista

"El ex presidente no logra concebir que el poder económico- más aún en un sistema como el actual de tal desregulación- pasa por encima del político, lo que destruye la convivencia democrática y el equilibrio de poderes".

Francisco Méndez

Por


Periodista, columnista.

Sebastián Piñera presentó su fideicomiso a la ciudadanía como si fuera un acto de campaña, algo así como una muestra de pureza ante las cámaras, esperando que la gente descorchara champaña por lo responsable que es, no tomando en cuenta que es un deber que debió asumir en su primera candidatura. Porque todo indica que no quiere admitir que su exceso de dinero es un vicio antidemocrático una vez que ejerce un cargo de tal poder como el de presidente de la República.

El ex presidente no logra concebir que el poder económico- más aún en un sistema como el actual de tal desregulación- pasa por encima del político, lo que destruye la convivencia democrática y el equilibrio de poderes. Ya que, tarde o temprano, la política se subyuga a los intereses económicos, lo que, como hemos visto, es el gran problema que ha remecido a nuestra otrora autocomplaciente realidad post dictatorial.

El precandidato y los suyos hacen como si ese conflicto no existiera. Cuando les preguntan al respecto parecieran estar enfadados y responden, con el ceño fruncido, que tener tanto dinero no es un delito. Y esto sucede porque no entienden ni siquiera la más básica premisa republicana en la que las instituciones deben gozar de independencia total para funcionar. No pueden estar, ni siquiera en el aspecto, relacionadas con fortunas ni menos con una de las familias más poderosas del país.

Para Piñera todo esto no es más que un montón de bravatas comunistas y de gente que nunca ha trabajado, esto último según sus propias palabras. No es decoro, prudencia, ni menos respeto por la actividad pública como principal motor de un régimen democrático. Él cree que habiendo elecciones cada cuatro años todas las pruebas de blancura están superadas, ya que no entiende que el exceso de dinero en pocas manos, y sobre todo en quien además ejerce la mayor magistratura del país, es un acto poco democrático en sí mismo. Aunque no haya un acto concreto con el que se atente en contra del orden institucional.

Si bien para Chile Vamos estas exigencias pecan de ceguera ideológica y odio hacia el rico, lo cierto es que realmente no son más que la intención de detener la autoritaria ideología del capital que pasa por encima incluso de la idea más básica y liberal clásica de la institucionalidad. Porque, aunque se crea lo contrario, en un país como Chile en donde el neoliberalismo es una cuestión cultural que ha deformado la idea de lo democrático, el dinero es autoritario y hasta dictatorial. Sobre todo porque impone una ideología y una manera de concebirnos.

Pero insisto: esto Piñera no quiere entenderlo. No quiere dar su brazo a torcer aunque haga anuncios a regañadientes sobre despojarse de su fortuna momentáneamente. Ya que si lo comprendiera, lo habría hecho anteriormente. Habría hecho un compromiso real con la democracia y no con sus ansias de poder. Porque, en momentos en que está tan de moda llamarle extremista a toda persona de izquierda que no comulgue con los autoritarios acuerdos de la transición, cabe señalar que el único extremismo es el que ejerce el ex mandatario al no reconocer que concentrar tanto en una sola mano no es precisamente la actitud de un demócrata, sino que la de un extremista del capital.

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