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Opinión

Playboy: una leyenda editorial vencida por las nuevas tecnologías

Playboy: una leyenda editorial vencida por las nuevas tecnologías Playboy: una leyenda editorial vencida por las nuevas tecnologías

Cuando en 1953 se editó el primer número de la revista, nadie pensó en el efecto que tendría esta publicación en la cultura occidental, sobre todo en los rígidos esquemas morales que caracterizaban a los norteamericanos. El cine, la prensa, la publicidad: y la televisión reflejaban el estilo de vida de la llamada sociedad de consumo, en donde el sexo era uno de sus principales tabúes.

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Publicista IAA, con mención en Administración Publicitaria y Marketing. Magíster en Educación. Académico de la escuela de Publicidad de la Facultad de Comunicaciones de la Universidad Central. Redactor y productor en medios de comunicación (TVN) y agencias de publicidad. Socio fundador de TMI Consultores división E-learning.

Playboy gestó una revolución sin precedentes en los medios de comunicación. No solo cautivó a millones de hombres con sus famosas conejitas, sino que su esencia provocadora y liberal modificó para siempre la manera de ver la sociedad moderna. Grandes escritores y periodistas firmaban algunos de los mejores reportajes y entrevistas a influyentes personalidades de la cultura y la política.

El anuncio que pone fin a los desnudos en esta icónica publicación es una decisión radical, no temeraria, como resultado de la ubicua presencia de Internet en nuestras vidas. El descenso en la circulación de la revista es otra de las causas, ya que de vender millones de ejemplares hoy alcanza apenas una circulación de 800 mil revistas.

Algunos datos estadísticos de la Web ilustran la increíble penetración de Internet en el antes lucrativo negocio de Playboy.

El 12% de los sitios de Internet son pornográficos (aprox. 24 millones de sitios), cada segundo U$3.075.641 son gastados en pornografía online, 40 millones de norteamericanos son visitantes regulares de sitios pornográficos (uno de cada tres son mujeres), en Estados Unidos se transan U$2.84 billones de dólares anualmente en sitios pornográficos, 2.5 billones de e-mails enviados cada día son pornográficos, 25% de todas las búsquedas en Internet están relacionadas con pornografía (eso es 68 millones de búsquedas diarias) y el 35% de todas las descargas de Internet son pornográficas.

El lector ya no es el mismo de antes, no hay tabúes sexuales ni de género, no hay escándalos por una foto, por lo que el atractivo erótico de sus contenidos no representa un motivo de compra, hecho fundamental para sostener una cierta ventaja competitiva. Y los avisadores, ya lo sabemos, son la sangre de cualquier publicación.

Como producto la revista Playboy está en una peligrosa etapa de obsolescencia y decidieron que hay que rediseñarla. Ya lo habían hecho con la edición online el 2014, donde se tomó la misma decisión respecto de los desnudos, aumentando de 4 a 16 millones de usuarios mensuales, así que el cambio era inevitable.

El ícono y pionero de la pornografía impresa desaparece para reinventarse nuevamente. Pero una nueva revolución mediática se ve muy lejana a esa primera edición de los años 50 con Marilyn Monroe en su portada.

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