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Opinión

Políticas docentes: Días del futuro pasado

Políticas docentes: Días del futuro pasado Políticas docentes: Días del futuro pasado

¿Cómo afectará la ley de inclusión la heterogeneidad de la sala de clases? ¿Están preparados los profesores y las Universidades para enfrentar estos nuevos desafíos en materia de inclusión?

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Cientista político UC y magíster en Ciencia Política de la Universidad Católica. Diplomado en Gestión Local en USACH. Fundador de revista digital Ciudad Liberal. cl

Ya han pasado dos meses y medio desde la aprobación de la Política Nacional Docente (PND), la cual puede ser el gran legado de este gobierno en materia de calidad del aprendizaje, puesto que logra establecer condiciones esenciales para que los docentes puedan ejercer con más apoyo el proceso de enseñanza. En ese sentido, la PND reconoce lo que dice la experiencia de los países exitosos: “los docentes son el factor intraescuela que marca el techo de la calidad educativa”.

A pesar de este inmenso aporte, que conlleva el compromiso de más de US$ 2300 millones anuales en régimen, el peligro que tenemos como sociedad, es creer que con este proyecto de ley el tema docente se agota y es tiempo de enfocarse en nuevas preocupaciones.

Si bien lo anterior puede tener sentido, los estudiantes cambian, los colegios cambian y por lo tanto las políticas docentes deben estar en un constante proceso de actualización, especialmente en el clima actual de reformas en materia de educación.

Con lo anterior, se ve necesario que como sociedad nos preocupemos de cómo las políticas públicas afectan la relación profesor-estudiante, y cómo las actuales reformas educacionales afectan lo que pasa la sala de clase.

Puede que, a diferentes lectores, les parezca exagerado esta constante preocupación sobre “lo docente”, pero debemos entender que, al final del día, todo el peso del sistema educativo es sostenido por la capacidad de los profesores, cuál Atlas (refiriéndome al titán griego) tienen en sus espaldas la capacidad de evitar que el cielo y la tierra choque. Con esto no me refiero a que los profesores tengan la principal responsabilidad sino que todas las políticas públicas, de ser mal calibradas, terminan siendo un peso sobre la espalda de los docentes.

Así, los profesores -apoyados también por los equipos directivos- son los encargados de conectar las políticas públicas con los niños y su aprendizaje. Ejemplo de esto fue la Jornada Escolar Completa, donde sin pensar en las consecuencias para los docentes, terminamos fundiendo el sistema escolar, a los directores, a los profesores, a los apoderados y a los niños.

Entonces, las preguntas que debemos hacernos son:

¿Cómo la nueva educación pública (actualmente en tramitándose en el Congreso) afecta la relación en la vida diaria del profesor y su relación con el director? ¿Cómo los nuevos Servicios Locales de Educación, propuestos por el proyecto de ley, se relacionan con los comités locales del CPEIP, los que deben velar por apoyar la formación continua de los profesores?

¿Cómo podemos potenciar desde las reformas que se vienen a la Educación Superior la formación inicial docente? ¿Cómo podemos mejorar la acreditación de las carreras de pedagogía?

¿Cómo afectará la ley de inclusión la heterogeneidad de la sala de clases? ¿Están preparados los profesores y las Universidades para enfrentar estos nuevos desafíos en materia de inclusión?

¿Nos hemos preguntado qué rol deben tener los nuevos centro de formación técnica estatales en la formación de docentes para escuelas de enseñanza media técnico-profesional?

Estas preguntas son centrales para poder evitar que, así como en la JEC, terminemos con el deseo de volver al pasado, para evitar un futuro complejo y colapsado, donde las políticas públicas se transforman en centinelas que tienen capturado a los profesores.

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