Jueves, 20 de junio de 2013

Por la boca muere el pez

Pecera

¿Será verdad que los peces dan mala suerte? ¿Ahora que la actriz se deshace del pez le llega a domicilio un macho en celo? ¿Feliz lo espera con el pescadito o feliz espera al pescadito para filetearlo vuelta y vuelta con aceite de oliva y ajo en el sartén? Me gana el cansancio. Sueño con una actriz haciendo de la sirenita depositando a Nemo en las manos de Neptuno.

Yo solo pienso en comer. Pedro solo piensa en tirar. Pedrito solo piensa en pelear. Las mellizas solo piensan en mamar. Señora Gladis solo piensa en cobrar. Zeus solo piensa en comer.

Me detengo angustiada, odio tener la misma obsesión que el perro, me siento animal, doméstica, básica. Miro al perro de mierda, al perro hediondo, gigante, peludo y en su mirada reconozco la mía, añoranza de alimento, no es hambre, es ansiedad, deseo, ganas de masticar, saborear, untar, en mi caso también cucharear.

Finalmente el perro y yo tenemos demasiado en común, mucho más de lo que me gustaría. Aclaro eso sí que no soy hedionda y que el perro es hediondo no por falta de lavado, gran parte de mi sueldo del post natal se va en “Lavacan”, un servicio de baño a domicilio efectivo solo de un día para otro en temas de olor. El perro huele a perro y no hay nada que hacer. Sobre todo en invierno. ¿Hay algo peor que el olor a perro mojado?

El único habitante de esta casa que tiene pensamientos más elevados es Danielito, él solo piensa en su pez. Su pez se llama “Kali”, no sabemos por qué el nombre, él lo eligió y Pedro se lo compró dentro de una gran pecera con plantas acuáticas y con un tarro saturado de láminas de colores que constituyen su alimento (que huele casi igual de mal que el perro). Kali está solo en la pecera y Danielito sufre.

- Kali no tiene con quien hablar papá, dice con voz quebrada.

- Los peces no hablan, le contesta Pedro.

- Hablan el idioma de los peces que tú no entiendes porque no eres pez, le escupe Danielito con tal desprecio y superioridad que dejo de imaginar a Kali con un poquito de aceite de oliva y ajo en el sartén. A mi lado, está Zeus salivando, odio comprender que nuevamente coinciden nuestros pensamientos.

Son las nueve de la noche y Danielito llora por el horror de la soledad. Pedro decide ir al departamento de la Andrea, una amiga nuestra que vive con una actriz que tiene abandonado a su pez en la logia, dice que dan mala suerte. Lo compró para una obra de teatro, cuando terminó la temporada intentó darle “la muerte dulce” en el congelador pero se arrepintió antes de que se le paralizaran los órganos. Está feliz de que lo adopte una familia no supersticiosa y encantada espera con el pescadito a Pedro.

Son las diez de la noche y Pedro no vuelve. Danielito ansioso cuenta los minutos para que llegue el amigo de Kali, yo muero de sueño.

Son las once de la noche y Pedro no vuelve. Danielito apoyado en la pecera cae de sueño y yo resisto apenas.

Son las doce de la noche y Pedro no vuelve.

¿Será verdad que los peces dan mala suerte? ¿Ahora que la actriz se deshace del pez le llega a domicilio un macho en celo? ¿Feliz lo espera con el pescadito o feliz espera al pescadito para filetearlo vuelta y vuelta con aceite de oliva y ajo en el sartén? Me gana el cansancio. Sueño con una actriz haciendo de la sirenita depositando a  Nemo en las manos de Neptuno.

Pedro me despierta tierno. Demasiado tierno. Es obvio: me cagó.

En una mano trae una bolsa con agua y a un mellizo de Kali dentro y en la otra mano una bolsa con mucha, mucha, pero mucha comida china.

- El pescado de la actriz estaba enfermo, se le debe haber pasado la mano en el congelador. Me fui al restaurante chino de la pecera gigante y les rogué que me vendieran éste, por eso me demoré.

¿Será verdad, será mentira? Mi mente no consigue respuesta ni análisis, el olor a wantan me tiene mal y lo único que me importa en la vida es que abra la bolsa. Yo solo pienso en comer (Zeus saliva a mi lado).

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