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Opinión

Portonazo en San Bernardo: ¿qué vale más? ¿la vida o la propiedad?

Portonazo en San Bernardo: ¿qué vale más? ¿la vida o la propiedad? Portonazo en San Bernardo: ¿qué vale más? ¿la vida o la propiedad?

Sólo hay que reflexionar: cuando el miedo entra, el derecho sale… y no podemos volver a épocas oscuras de nuestra historia en que el tema de fondo fue creer que la vida tenía la misma jerarquía que la propiedad.

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Abogada de Scotti & Asociados. Ex directora metropolitana del Servicio Nacional del Consumidor

Qué es más importante: ¿la propiedad o la vida? Esa es justamente la interrogante que quedó la semana pasada tras la muerte del posible autor de un portonazo en San Bernardo. De ahí se derivan diversos análisis, centrando el actual en por qué no podemos considerar el actuar del padre e hijo Aravena como legítima defensa, considerando que los requisitos para eximirse de responsabilidad penal no se cumplieron:

1. Agresión ilegítima: la cual debe ser actual e inminente, es decir, si en el mismo caso, al momento del llamado “portonazo”, tanto padre como hijo se hubieran defendido, no se estaría discutiendo si hubo o no legítima defensa. Lo que ocurrió fue que los ahora imputados realizaron una persecución, llegando al grado de vengarse de lo ocurrido, más allá de la recuperación de lo robado y que terminó con la muerte del presunto atacante.

2. Necesidad racional del medio empleado para impedirla o repelerla: hasta qué punto la fuerza bruta pudo más que la racionalidad de defenderse, por ejemplo, a nadie le extrañaría que una defensa con disparos, frente a una agresión también con disparos, sea una medida proporcional.

3. Falta de provocación suficiente por parte del que se defiende: ¿es así? Sí, se persiguió por varios cuadras a éste posible delincuente.

La pregunta que queda dando vuelta es si en el siglo XXI podemos legitimar la venganza. Argumentos hay muchos: hay quiénes indican que ello ocurre por la llamada “puerta giratoria” de los tribunales, otros de la incapacidad del gobierno de turno para frenar la delincuencia y la sensación de inseguridad.

Pero más allá de dichos argumentos, la administración de justicia por tribunales imparciales es un elemento del estado de derecho, que no se puede transar por la sed de venganza de personas que han sido objeto de tal o cual delito. Defenderse también tiene límites, que dicen relación, tanto con los requisitos de la legítima defensa (antes mencionados), como el resguardo de un bien jurídico superior: la vida.

Sólo hay que reflexionar: cuando el miedo entra, el derecho sale… y no podemos volver a épocas oscuras de nuestra historia en que el tema de fondo fue creer que la vida tenía la misma jerarquía que la propiedad. E incluso, si pensamos en la delincuencia como fenómeno social, vemos que, en otras realidades más desarrolladas, dicho tema se ha tratado con justicia, equidad social y políticas públicas adecuadas a la realidad país, y que, ante todo, ningún ordenamiento jurídico puede amparar la venganza. No podemos retroceder años de historia.

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