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Providencia: No basta con prohibir

Providencia: No basta con prohibir Providencia: No basta con prohibir

¿No habrá un modo de establecer criterios objetivos de segmentación entre los distintos locales, que considere su historial de dificultades con los vecinos, el tiempo que lleva en la comuna y el aporte cultural que es capaz de hacer?, ¿necesitamos que las regulaciones sobre la vida nocturna impacten a todos los locales de exactamente la misma manera?

Óscar Marcelo Lazo

Por


Neurobiólogo y Doctor en Fisiología. Investigador en el UCL Institute of Neurology. @omlazo

Después que se confirmó la entrada en vigencia de la ordenanza municipal que limitaba el horario de venta de alcohol en Providencia, hubo toda clase de reacciones airadas de apoyo o discrepancia con la decisión del concejo municipal. No pocos tildaron al municipio de paternalista y de irresponsable por cambiarle las reglas del juego a quienes tenían sus locales comerciales instalados en las áreas afectadas por la medida, algunos fueron más lejos y se atrevieron a añorar la administración de Cristián Labbé con tono desafiante. Otros reaccionaron atribuyendo los alegatos a una preocupación superficial por el carrete y destacaron la importancia de cuidar el descanso de los barrios residenciales colindantes con las zonas de mayor comercio y movimiento nocturno. La circulación de un video que hablaba de “Prohibidencia” tensó aún más la controversia y generó movimiento en las redes sociales a propósito no solo de su contenido, sino del tono elitista de los argumentos.

Pero la ordenanza continúa vigente y la discusión ha ido subiendo de tono, sobre todo luego de algunos hechos de violencia y la campaña homofóbica de algunos locatarios contra el concejal Jaime Parada, enarbolando carteles con consignas inaceptables. Eso ha hecho que muchos de quienes inicialmente repudiaron la medida, hoy experimenten más rechazo por los agresores y tiendan a alinearse con el municipio. Algunos discursos más moderados han permitido tender los primeros puentes de diálogo más fructífero entre los miembros del concejo y algunos dueños de locales emblemáticos como el restaurant Liguria, La Casa en el Aire o el Cuatro y Diez, entre otros del barrio Bellavista y Manuel Montt. Y recién ahora, quizás haya oportunidad de poner sobre la mesa sin agresiones cuáles son los bienes públicos que están en juego.

A mi juicio hay al menos dos elementos que hacen esta discusión compleja y que deben entrar al debate antes de la sesión de este martes, en que el Concejo Municipal evaluará esta primera etapa de funcionamiento de la ordenanza:

  1. Los locales que expenden alcohol no son todos iguales. No todos tienen el mismo perfil de funcionamiento: algunos son minimercados de barrio que expenden alcohol, otros botillerías, bares temáticos, centros de espectáculos. El público al que están dirigidos esos diversos locales es igualmente amplio y no todos generan las mismas externalidades negativas para el vecindario. Y lo que me parece más tremendo, no todos hacen el mismo aporte al patrimonio cultural de la comuna.

Cada local que hace un aporte original a la diversidad de la comuna debiese ser protegido de manera especial, porque contribuye a la identidad local y constituye atractivo turístico para los numerosos visitantes. Justo en septiembre de este año el Municipio organizó un homenaje a uno de los locales más emblemáticos de la música chilena, el Café del Cerro, que cerró sus puertas el año 1991. Es posible que al mismo tiempo que nos llenamos de nostalgia, estemos siendo indiferentes con el cuidado de otros espacios culturales cuya herencia ha marcado a cada barrio. En el de Antonia López de Bello, ya dejó de existir El Perseguidor -uno de los pocos escenarios para el jazz- y desde la vereda de enfrente, la Casa en el Aire y el Cuatro y Diez -que presentan cantautores en vivo casi todas las noches- ven con preocupación el modo como se han resuelto las dificultades en la convivencia con los vecinos a través de una ordenanza que mide con la misma vara a proyectos muy diferentes.

¿No habrá un modo de establecer criterios objetivos de segmentación entre los distintos locales, que considere su historial de dificultades con los vecinos, el tiempo que lleva en la comuna y el aporte cultural que es capaz de hacer?, ¿necesitamos que las regulaciones sobre la vida nocturna impacten a todos los locales de exactamente la misma manera?

  1. La vida nocturna es un tema de la ciudad entera. Providencia, al igual que Santiago, Recoleta y Las Condes, concentra una gran oferta de locales de entretención nocturna, incluyendo espectáculos artísticos, no-tan-artísticos, bares, restaurantes y discotheques que no reciben solamente visitantes de la misma comuna, sino de prácticamente todo Santiago. Es evidente que cualquier medida tomada por alguno de estos municipios impactará a los otros, puesto que todas las noches de viernes y sábado un gran número de santiaguinos seguirá moviéndose para encontrar en estas comunas lo que sus propios barrios no le ofrecen. Y no se trata solamente de la vida nocturna, lo mismo pasa con los museos, los teatros y las áreas verdes. Es la brutal segregación socioeconómica que se da en la ciudad de Santiago, que genera tremendas asimetrías en la distribución del capital cultural, dejando algunos barrios saturados de gente, ruido y ganancias, y otros barrios completamente vacíos e inviables. Si no somos capaces de afrontar el desafío urbano de generar barrios atractivos en toda la ciudad, nuestros problemas de transporte y saturación del espacio público solo empeorarán.

¿Será posible constituir alianzas con otros municipios para pensar la ciudad en conjunto?, ¿será posible aprovechar esta contingencia para zonificar la cultura de manera más equitativa en la ciudad?

Lo pregunto en serio, porque creo firmemente en la participación de los vecinos en los cabildos y en las reuniones de Providencia Participa. Porque confío en el criterio del Concejo Municipal donde no solo hay vecinos comprometidos con el desarrollo de la comuna, sino un destacado urbanista como David SIlva Johnson. Pero al mismo tiempo confío en que los intereses de los vecinos son diversos, necesitamos dormir en paz, necesitamos una comuna segura, pero también necesitamos desarrollo cultural diverso y sustentable, y cuidar nuestro patrimonio nocturno.

Que finalmente no basta con prohibir, gobernar comunitariamente como ha querido hacer Josefa Errázuriz supone la obligación de escuchar los ecos y generar propuestas originales y realistas para regular la vida social. Y no por el argumento individualista de quien se siente con derecho de carretear hasta la hora que quieran sin importar los costos, sino justamente por que la comunidad de Providencia es diversa y compleja.

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