Los concertacionistas pueden pensar que si vuelve la Bachelet todo se arregla. Pueden pensar que el liderazgo que se supone que tiene va a reunir a la Concertación. Pueden pensar que si vuelve va a poder quitarle el poder a una derecha que no quieren que los gobierne.
Los concertacionistas pueden pensar que sus cambios de nombres, nuevas alianzas con unos y separaciones con otros no son verdaderamente necesarios porque, total, en 2 años más va a volver la ex presidenta y se va a arreglar todo. Se va a acabar este mal sueño. Su melancolía va a dejar de ser melancolía.
Quieren que vuelva Bachelet porque piensan que así vamos a volver al 2006, cuando nada de esto había sucedido, cuando Bachelet era una señal de refugio para los políticos de izquierda y derecha. Cuando nadie los culpaba por el Transantiago porque no había Transantiago.
Cuando Bachelet era la certeza de que la existencia misma de esta izquierda y esta derecha seguía teniendo sentido, la inutilidad del cambio. Quieren que vuelva Bachelet para postergar la crisis 8 años más. A ver si les sale devolverle el poder a la Concertación aunque sea por 4 años, total si les va mal después vuelve la derecha y se siguen legitimando unos a otros tapando el descontento.
Pero lo cierto es que si vuelve van a pasar otras cosas.
Si Bachelet vuelve será la única oportunidad que tienen decenas de políticos de postergar su jubilación. Bachelet en el poder mantendrá vigentes a varios históricos que no han querido hacerse cargo de sus errores ni de las demandas de aquellos a quienes dicen representar. Confirmará que todavía se puede ser político como se era hace 10 años.
Que todavía es aceptable que se ponga y saque a ministros y senadores a dedo, como hizo ella misma con Carolina Tohá y Harboe y como hizo Piñera con Longueira y Ena von Baer. Que todavía es aceptable que haya alcaldes por 15 años como Torrealba y Labbé, que todavía es aceptable que se nombre ministros como Yasna Provoste, que todavía tenemos mala memoria, que basta con que Lavín deje de ser ministro de educación y se esconda en el Mideplan para que se nos olvide que violó la ley.
Si Bachelet vuelve será la nueva excusa para los políticos jóvenes que se niegan a tomarse el poder porque quieren que se los den de regalo. MEO tendrá razones para seguir acusando conspiraciones desde su partido que solamente existe en twitter y José Antonio Kast y Harboe seguirán dando explicaciones pero nunca un paso adelante. Los opinólogos políticos seguirán conformándose con ser solo opinólogos políticos.
Si Bachelet vuelve, no habrá razón para cuestionar a los diputados que no representan a nadie. Estarán protegidos por su status quo, se mantendrán bien portados de lado y lado para asegurar su protección en silencio. Van a hacer todo lo posible porque se nos olvide lo que Ciper nos contó, que varios de los que fabrican nuestra justicia no deberían estar ahí en primer lugar.
Que Gustavo Hasbún y Felipe Salaberry representan a menos del 13% de los adultos de su distrito, que Ramón Farías representa a menos del 10, que Osvaldo Andrade y Leopoldo Pérez a menos del 9 y que Pepe Auth a menos del 7. Que en algunos distritos un voto vale el doble que en otros.
Por último, si Bachelet vuelve el movimiento social que está teniendo lugar hoy correrá el mismo destino que los pingüinos del 2006: será nada más que una página súper bonita en un libro de historia.
Porque ese movimiento no lo diluyó la oposición ni lo diluyó el Senado, lo calló el gobierno de Bachelet. Si Bachelet vuelve, lo que pasa hoy no va a llegar a incidir de verdad. Va a ser una generación más de dirigentes universitarios que pudo ser pero no fue. Que fue frenada por la medida de lo posible.
Para bajar el movimiento la concertación intentará convencernos de que las cosas deben detenerse para no violentar la paz social. La paz social es solo fruto de la justicia, no hay otra. Van a decir que los problemas eran de la derecha cuando ellos también permitieron el lucro ilegal en las universidades.
Van a intentar convencernos de que la violencia la inventaron los pacos de este gobierno, cuando en realidad, así como en el gobierno de Piñera un carabinero mató a un niño, en el gobierno de Lagos un carabinero también mató a un niño de un escopetazo en la cabeza y en el mismo gobierno de Bachelet otro carabinero mató a un joven de 22 años de un disparo en la espalda. La violencia no la inventó Hinzpeter y los carabineros responsables de esos crímenes no empezaron a ser carabineros hace 2 años.
Nos dirán que Chile ya cambió cuando Chile no ha cambiado todavía. Aún son pocos los que están dispuestos a insistir para que los problemas se arreglen. La hipocresía generalizada le da el amén a la idea de que el país ya no es el mismo y que todos apoyamos a los estudiantes, pero eso no significa que todos tengamos el valor de los estudiantes. Varios no hemos hecho mucho. Varios no han hecho absolutamente nada. Muchos piensan que basta con decir que los apoyan en una encuesta para ser parte de un movimiento.
Revolucionarios de escritorio movidos por la inercia de lo políticamente correcto. De la moda de estar con los estudiantes y contra el gobierno, contra el presidente, contra su oposición y contra el lucro. A veces parecemos más preocupados de estar alineados con la verdad de las encuestas que el mismísimo gobierno. Como si la política se tratara de encuestas, de actuar según la popularidad.
Chile no ha cambiado todavía. Todavía son pocos los que buscan algo más grande que sus circunstancias particulares. Pueden ser que hayan marchado cien mil, quinientos mil o más de un millón si quieren. Si quieren supongamos que han marchado 2 o 3 millones de personas. Son muchos para las marchas, una voluntad sin precedentes, pero todavía son pocos para tener poder suficiente.
Si esas fueran las cifras, todavía habría cerca de 10 millones de adultos que no ha marchado con este movimiento. Que un 70 o un 80% de la población les de el amén en una encuesta vale cero si son pocos los que están dispuestos a hacer algo más, a pagar los costos, pero los costos de verdad, de los que ni siquiera se ha hablado todavía; a hacer algo más que dar un si en una encuesta.
Hay casi 4 millones y medio que no está inscritos y hay más de 1 millón y medio de inscritos que no votan o votan nulo o blanco, lo que puede ser súper importante como protesta pero no lleva a nadie al poder. Tiene que haber un momento en que empiecen a votar por alguien.
Si la voluntad de reparar las cosas no llega al poder, no va a pasar nada. Tenemos que asegurarnos que llegue, no puede pedirse el poder por favor. El silencio no es una opción. El silencio de Bachelet no ha servido de nada y darle la presidencia de nuevo es quedarse callado ante el presente que nos desborda.
