Domingo, 19 de mayo de 2013

Queremos más pobreza

/AgenciaUno/AgenciaUno

Ese aparentemente inofensivo 14,4% de pobreza son más de dos millones de personas; lo que es algo así como todos los habitantes de la región del Biobío, recién terminado el terremoto: con casas derrumbadas, repartidas por varios kilómetros o llevadas por el mar, pero no por unos días o unas semanas, sino que de manera permanente. Siempre.

No creo que a los chilenos nos interese superar la pobreza como sí nos interesa superar la línea de la pobreza. Y sobre eso me gustaría decir tres cosas.

En primer lugar, la ubicación actual de la linea de la pobreza es inútil. Decir que una persona que tiene ingresos por menos de $72.098 es pobre es una obviedad y decir que una que tiene ingresos por más que eso no es pobre, es la crueldad profunda de un tecnicismo.

Más aún, el problema no es sólo esa línea. Esa línea no toca la exclusión. Esa línea apenas se hacer cargo de lo más bajo de lo básico, de la frontera de la miseria, nada más. Sirve para medir a los que salen, pero las políticas que se desprenden de ese criterio, de esa cómoda convicción consensuada, no aseguran que los que ayer salieron, mañana -u hoy mismo- no vuelvan a entrar. En esa línea no se puede leer cuántos salieron sólo por un rato o por un bono, o cuántas generaciones de familias han nacido y muerto allá abajo.

En segundo lugar, los que hoy celebran las cifras, como si se tratara de la proclamación de la candidatura de alguien -o tal vez sí se trata de eso- no parecen preocupados de lo que se lee en ese mismo informe pocas páginas más allá: que en regiones como Arica, Valparaíso, Biobío y Los Lagos, la pobreza aumentó en el mismo plazo. O que ese aparentemente inofensivo 14,4% de pobreza son más de dos millones de personas; lo que es algo así como todos los habitantes de la región del Biobío, recién terminado el terremoto: con casas derrumbadas, repartidas por varios kilómetros o llevadas por el mar, pero no por unos días o unas semanas, sino que de manera permanente. Siempre.

Que los pobres son el doble que los estudiantes de la educación superior en Chile. Y, sin embargo, están en una zona muda.

Posiblemente ellos no son personas “en situación de pobreza” sino que, en realidad, son pobres. La primera forma de nombrarlos hace referencia a que la pobreza es una situación de la que pueden salir, por eso se dice que no “son”, sino que “están” en esa situación. Pero esa distinción lingüística no corre para muchos casos. Varios nacieron así y se van a morir así, abajo de una línea que se parece bastante a un puente o a un muro.

En tercer lugar, incluso si esa pobreza se superara completamente, aún es poco. Es mejor que la miseria, sin duda, pero es poco, porque quien está apenas por encima de esa línea sigue sin tener la base de nuestra dignidad común: la libertad. El que es pobre no es libre. Los bonos no dan libertad, los derechos dan libertad. Educarse y tener un trabajo digno dan libertad. Sin embargo, las autoridades de nuestros últimos años parecen más convencidas con los bonos.

Dudo que sirva de algo superar la línea de la pobreza -cualquiera ésta sea- si una vez, sobre esta línea, tienen trabajos por los que reciben un sueldo mínimo, lo que les impide absolutamente pagar la educación de sus hijos y perpetúa los guetos, solo un poquito más arriba camino al barrio alto. Si siguen teniendo que pagar deudas que no pueden pagar, pero que incurrieron en ellas para cubrir otras cosas que tampoco podían pagar. Si cambian una deuda por otra. Y esos no son los pobres. Más de 12 millones de personas viven en hogares donde con $800.000 o menos -y a veces mucho menos- tienen que pagar todo para 3, 4 o más personas. Esos no son “los pobres de por allá lejos”. No son los cuerpos perdidos abajo de la línea. Son el horror de la mayoría. Nuestra condición más propia de la que solo hablamos en privado, en los consuelos familiares de la verdad.

Mientras este gobierno hace lo mismo que los anteriores, y los que elegimos a éste y a los anteriores lo hacemos también: contamos pobres para quedarnos dormidos.

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