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Opinión

Quien calla, otorga

Quien calla, otorga Quien calla, otorga

¡Es que cómo no te vas a enojar! ¡Cómo no te vas a enfurecer! Cuando hay niños y niñas que no pueden vivir su infancia, a quienes negamos, ¡a quienes robamos sus derechos! Si nos quedamos indiferentes ante estas injusticias, estamos en el mismo lado de la cancha que quienes abusan y violan los derechos de niños y niñas en nuestro continente.

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Directora de Comunicaciones América Solidaria Internacional

“¿En qué trabajas?”, “En una fábrica, hago cordones de zapatos”, me respondió. “¿Cuánto tiempo le dedicas a eso?”, “Voy todos los días, de ocho de la mañana a seis de la tarde”… “¿Cómo? ¿Y el colegio?”, pregunté ingenuamente. “Sólo voy los domingos, a clases especiales, de ocho de la mañana a dos de la tarde”. No lo podía creer, un niño de doce años que sólo asistía a clases seis horas a la semana, para qué decir el resto de los niños, todos trabajaban en la misma fábrica, haciendo cordones de zapatos… a esa edad los niños ni siquiera atan bien sus propios cordones.

Vuelvo a leer este texto que escribí hace exactamente nueve años y me duele algo adentro, bien dentro de mí. Ese dolor contener rabia, ira, similar a la que siente el Premio Nobel de la Paz, Kailash Satyarthi, activista indio a favor de los derechos de la infancia, quien visitó nuestro país la semana pasada en el marco del Congreso del Futuro y a quien tuve la oportunidad de conocer.

Satyarthi se enoja, se enoja mucho. Cada vez que sabe de un niño o niña abusado se enfurece. También se enfurece su esposa, Sumedha, quien comparte con él la fuerza y el camino recorrido para liberar, a la fecha, a más de 80.000 niños y niñas del trabajo infantil, el tráfico de personas y la esclavitud.

¡Es que cómo no te vas a enojar! ¡Cómo no te vas a enfurecer! Cuando hay niños y niñas que no pueden vivir su infancia, a quienes negamos, ¡a quienes robamos sus derechos! Si nos quedamos indiferentes ante estas injusticias, estamos en el mismo lado de la cancha que quienes abusan y violan los derechos de niños y niñas en nuestro continente. Quien calla, otorga, dice el dicho. Si callamos frente a la realidad de millones de niños y niñas que sufren la violencia de la exclusión y de la pobreza, otorgamos.

Me niego a callar, me niego a que dejar que sea la indiferencia la que gane. Escribí ese texto, la historia inicial, durante mi experiencia de voluntariado a través de América Solidaria en el año 2007. Entonces, entrevistaba a niños y niñas trabajadores de distintos sectores de Bogotá (Ciudad Bolívar, Bosa, Kennedy) para que pudieran ingresar a un programa de erradicación del trabajo infantil. Y desde entonces, cada vez que pienso en estas palabras, siento dolor.

La invitación que nos hace Satyarthi es a convertir esa ira, (¿ese dolor?) en energía y en acción. Es hora de pasar del dolor hacia la acción.

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