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Opinión

Quiero ser flaca (?) y feliz

Quiero ser flaca (?) y feliz Quiero ser flaca (?) y feliz

Resulta obvio que una persona por ser hermosa no tiene asegurada la felicidad ni el amor eterno. Tampoco un buen trabajo o un buen futuro. Y está claro que no siempre tras una linda apariencia física, hay una persona dulce y buena. Nos parece lógico, ¿verdad? Sin embargo, un femicidio nos espanta muchísimo más cuando la víctima de tan brutal acontecimiento es “tan bonita más encima”

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Porteña for ever, esté donde esté. Guachaca con o sin corona. Periodista en casi todos los medios escritos y televisivos del país. Amo escribir, hablar y cantar. Está claro, ¿no?

“Si a Katy Perry y Pampita les ponen el gorro, estamos cagados”. Esa frase fue la que despachó un compañero de trabajo cuando las imágenes de Orlando Bloom abrazando efusivamente a Selena Gómez dieron la vuelta al mundo. ¿Dónde quedaba la estupenda y talentosa Katy Perry? ¿Cómo es posible que hayan engañado a una mujer de esa talla? ¿Es que acaso la belleza no es suficiente para asegurar la fidelidad y el amor? Esa misma sorpresa, hace que aún siga siendo noticia que Benjamín Vicuña haya cambiado a la diosa argentina Pampita por Eugenia China Suárez, con quien se anda paseando estos días para promocionar la película donde habría nacido el amor, El Hilo Rojo.

Y es que nos quedamos pasmados cuando la vida nos enrostra que eso que nos dicen las películas, los cuentos de hadas, las revistas de moda y la televisión a diario, no son realidades. Los medios de comunicación masiva han puesto la belleza femenina en un pedestal que la eleva sobre otros valores, como la cultura, la inteligencia, la bondad. Resulta obvio que una persona por ser hermosa no tiene asegurada la felicidad ni el amor eterno. Tampoco un buen trabajo o un buen futuro. Y está claro que no siempre tras una linda apariencia física, hay una persona dulce y buena. Nos parece lógico, ¿verdad? Sin embargo, un femicidio nos espanta muchísimo más cuando la víctima de tan brutal acontecimiento es “tan bonita más encima” y nos quedamos en shock cuando una delincuente sádica y cruel luce como modelo, tanto así que llega a las portadas de los diarios o se transforma en celebridad, como Teresa Mendoza (sí, la misma que personificó Kate del Castillo en La Reina del Sur), cuya vida, antes de ser reseñada por el tremendo Arturo Pérez Reverte, fue varias veces paparazzeada por la revista Hola gracias a esa “elegancia innata” que la caracteriza.

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Durante este siglo hemos puesto a la belleza de las mujeres en la cima de la pirámide valórica, quizás sólo compitiendo con el éxito monetario. Claro que la belleza siempre ha tenido un lugar importante entre las características de los seres humanos. Lo que preocupa de esta época es que se asocia cada vez más a la delgadez. Volvamos a la regia estupenda de Pampita. El último rumor allende Los Andes es que se enojó con una revista porque en la portada no le hicieron photoshop para “arreglar” unas imperfecciones que, según ella, tiene en la zona del vientre. Si es que esa información es real, la única que ve esas imperfecciones es la propia Carolina Ardohain. Nosotros la vemos igual de regia en las dos portadas. Pero claro, su autoestima está en gran medida ubicada en su belleza y esa belleza está constantemente en peligro, por lo que come, por lo que bebe, por los años que pasan inexorablemente. En mayor o menor medida, todas las mujeres terminamos siendo igual de inseguras que Pampita. Y cómo no vamos a sentir ese miedo, si hace unos días estaban tratando de gorda a Michelle Carvalho, una estupenda modelo brasileña que vive en nuestro país. Me ha tocado estar con ella en numerosas ocasiones y jamás estuvo con sobrepeso. Sí con unos kilos más de los que ostentaba siendo ella modelo de alta costura (los que muchas veces son insanos, pero eso al mundo no le importa). Ahora ella luce nuevamente más delgada y se vanagloria con fotografías en bikini en el Caribe y frases como el que ríe último ríe mejor para responderle a los que la trolearon. Ella había subido de peso por una depresión provocada por la separación de sus padres (eso al mundo le importa aún menos).

A Jennifer Warner también la trataron de gorda, sin decirlo exactamente así, en Maldita Moda. Jennifer no será ejemplo de la delgadez, pero la gordura está lejos de ser una característica que usaría para describirla. Es primero alta, rubia, de ojos claros, tez blanca y de cadera anchas, como muchas chilenas. Es que las chilenas comunes tenemos prohibidos los vestidos apretados porque no somos flacas, las que tenemos un trasero prominente no podemos ponernos calzas, el pelo liso te queda mejor que el crespo porque tu cara es demasiado ancha, menos es más y el escote y la mini al mismo tiempo te transformarán en puta por arte de magia. Ah! Y no se te vaya ocurrir ponerte bucaneras si tus piernas son un poquito más cortas que las de Julia Roberts (por si acaso, La cabeza de Julia Roberts se superpuso sobre el cuerpo de la famosa doble de cuerpo Shelley Michelle para el póster de Mujer Bonita. A todas nos pasa). Frases que quedan en el inconsciente colectivo como si trataran de una verdad absoluta y que nos hacen daño, en algunas ocasiones irreparables.

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Porque es cierto, la obesidad no es sana y es un trastorno alimenticio como la anorexia y la bulimia. Pero ¿tiene Facebook derecho a decir que una mujer no es deseable porque es gorda como lo hizo con la fotografía de la modelo XL, Tess Holliday? Lo hará también con las imágenes de Natalia Oreiro, quien se mostró en los huesos en la última premiación de los Martín Fierro. O con Angelina Jolie, que ha bajado tanto de peso que ya nadie duda de su anorexia. Ni con toda la plata, el éxito y el amor del mundo la autoestima de estas mujeres está conforme. Sólo las conforma ser las más flacas del mundo, porque el mundo les ha dicho que ser flaca (por lo tanto, bella y elegante) es más importante que todo lo demás.

PD: Ahora pongo el pecho a las balas. Estoy segura que empezarán a llegarme troleos diciendo que escribo esta columna porque soy fea, porque soy gorda, resentida y amargada. Háganlo. Me importa poco porque sé que no soy ninguna de las anteriores. O quizás algunas, sí, a veces, gracias. Pero soy mucho más también. Soy activista por los derechos de las minorías, de pequeña odio las injusticias, lucho todos los días por hacer un mundo mejor y ser más feliz. Soy esposa, periodista, madre, amiga. Amo leer, cantar y conversar. Amo la vida. Y aunque a veces odio algunos de mis rollos, prefiero tomarme un vino el fin de semana con los amigos. Así soy yo. Si lo tuyo es sacarte la cresta haciendo deporte y dieta para tener el cuerpo que te hace feliz también te apoyo. Porque cada uno busca su manera. Lo importa es respetar a los demás y no imponer tu forma.

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