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Opinión

Rebelión en Hamelin

Rebelión en Hamelin Rebelión en Hamelin

"¿No habrá acaso en Chile un grupo enorme de jóvenes dejándose llevar hipnotizados por las notas de unos cuantos flautistas? ¿Se habrán detenido esos jóvenes a preguntarse dónde puede llevarnos aquel son tan asesino que predican sus consignas?".

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Miembro de Educación para Chile, estudiante de Derecho UC.

El sábado recién pasado tuve la fortuna de asistir a la tercera presentación del cantautor español Ismael Serrano en el Teatro Nescafé de las Artes. Evidentemente, tengo discrepancias importantes con varios de sus postulados. Sin embargo, y a diferencia de quienes en toda discrepancia política ven un conflicto irreconciliable, creo que quienes abogamos por una sociedad fraterna, alejada del odio, estamos llamados a reconocer e incluso difundir los méritos del que piensa distinto. De esta manera quisiera compartir hoy cómo -en tiempos de crispación y radicalización política- mediante un cuento y una canción, Serrano deja bonitas enseñanzas a nuestro país y, en especial, a su incansable movimiento estudiantil.

Sorpresa para el público, en medio de su presentación, Serrano dejó la guitarra y pidió al público espacio para contar un cuento. El cuento era sobre el señor Ye, un hombre que amaba los dragones por sobre todas las cosas. Cada día leía un libro sobre la legendaria vida de los dragones, y su casa entera estaba decorada con ilustraciones y talles de dragones, en cada espacio y en cada pared. Su juguete preferido era su cometa con forma de dragón que, antes de ponerse el sol, llevaba todos los días a la colina más alta, para deleitarse con sus piruetas al volar e imaginar qué sería un día subirse arriba de un dragón. Una vez puesto el sol, volvía a su hogar para vestir su pijama bordado con dragones y dormir abrazado a su peluche de dragón.

Contaba el relato que creció tanto el rumor sobre la devoción del señor Ye hacia los dragones, que un día el rumor alcanzó una nube, donde precisamente descansaba un dragón de los cielos. Conmovido por la historia, este dragón decidió salir en búsqueda de este romántico y novelesco hombre. Voló y voló recorriendo la comarca, hasta divisar a lo lejos su querido cometa haciendo filigranas. Escondido tras las nubes, el dragón siguió al señor Ye hasta su casa, y una vez que estuvo dentro, introdujo su cabeza por una ventana y su cola por otra, atrapando en medio al señor Ye. El señor Ye quedó petrificado, para luego saltar por la primera ventana que vio, y corrió aterrorizado sin mirar hacia atrás. Corriendo y corriendo, para nunca regresar.

Así, este pequeño y cautivador relato, muestra en simple cómo lo soñado puede resultar no ser lo que se espera. Y esta historia, es la historia política de gran parte del mundo el último siglo. Donde muchos intelectuales, jóvenes, políticos y, en general, todo tipo de actores del mundo social, soñaron con vivir en países donde toda la organización social estuviera en manos del Estado, aboliendo la propiedad privada y, de paso, todo tipo de diferencias económicas dentro de la sociedad: todo eso daría paso a la sociedad sin clases, un verdadero paraíso en la tierra. Este sueño, cual sueño del señor Ye, para muchos pasó a ser un sueño del que nunca más se quiso oír. En Chile, se vive en pleno el año 73 con la debacle económica y el quiebre de la convivencia política. Años más tarde, este sueño sería dejado de lado por su gran centro de irradiación ideológica, la Europa del Este y la Unión Soviética. Y la historia aún no acaba, a medida que sus grandes sobrevivientes, Cuba y Vietnam, parecieran estar de a poco abandonando su pureza revolucionaria. Es por esto que llama tanto la atención cómo hoy en Chile la izquierda parece estar ganando la batalla de las ideas, abalanzándonos hacia los dragones de los cuales el mundo escapa y de los cuales Chile parecía estar libre.

Habiendo terminado el cuento, Ismael tomó la guitarra y acto seguido comenzó a tocar “Rebelión en Hamelin” uno de los éxitos de su último disco. En ella se imagina qué sería si los roedores de Hamelin se detuvieran a preguntarse por qué siguen tan campantes “el son tan asesino” de aquel renombrado flautista. ¿No habrá acaso en Chile un grupo enorme de jóvenes dejándose llevar hipnotizados por las notas de unos cuantos flautistas? ¿Se habrán detenido esos jóvenes a preguntarse dónde puede llevarnos aquel son tan asesino que predican sus consignas?

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